LILA ZEMBORAIN

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De El rumor de los bordes

El lado oscuro, el lado filoso de la ironía, rasgar al otro con palabras ya no urge en mi memoria que se aleja del entorno para pensar en sentidos olvidados.

Soy una pregunta que se extiende hacia la noche, soy una amiga ahogada en una bañadera, soy las células que sostienen mi cuerpo en el PRESENTE, soy en este momento un espacio en las cadencias, soy un portento que se apunta hacia un destino, soy una cama y un hombre en esa cama, soy una respiración, unhálito, un brazo cruzado en los ensueños, soy el sobresalto que circunda por las FIBRAS, soy la piel que a oscuras acaricio, soy el deseo que amparan las membranas, soy un mecanismo que expande relaciones. Soy, no quiero ser, sólo soy.

El yo últimamente me molesta. Oigo el yo en mi boca pronunciado, el yo me irrita, ya no me entretiene, se ha vuelto intolerable.

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Así, el pescado que comí anoche resuena en las dendritas invocando al tiburón que se pasea por tu mente cuando te alejas de la COSTA y ya las piedras no son la cercanía; la determinación de la distancia se altera irremediablemente con la imprecisa irritación del agua viva que te roza con sus filamentos de plata exasperando la fijeza.Entonces el ritmo se instala en las palabras, así como la respiración intenta digitar un orden, reverberaciones del sonido para apaciguar lo inestable. Y otra creencia se presenta en la necesidad de aquietamiento de la sincrónica susceptibilidad de lo viviente, puntual desequilibrio en la piedra movediza de Tandil, aguas desbordadas, el viento patagónico queacecha, mientras la costa se hace tuya en la arena que adoramos, y ráfagas y relámpagos en los cielos y fracturas, fragmentos, FRACCIONES, fractales, fragilidad, fragancia, fraterno, y Gertrude Stein en la repetición de un cubismo inconcebible.

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Toda acción es una reacción, dice Santo Tomás, y viceversa; si se respira es porque hay aire, si se tiene sed es porque hay agua, si hablo es porque alguien puede escucharme, si tengo miedo es porque la naturaleza humana tiene la capacidad del odio; pero entonces,  ¿por qué esta generalización provoca la sospecha de perderse en el sentido de lo último, de lo mínimo, en la disolución sin alegría? Buscar esa FRACCION que haga romper este ciclo de evidencias, esa gama de exclamaciones internas que hacen que uno quiera inmediatamente levantarse.

Catalizar sería ahora levantarse, agarrar el diccionario de la A la J de María Moliner, buscar entre las LETRAS la c, abrir el libraco y hojear hasta llegar a ca, cat, cata: prefijo de origen griego que significa “abajo” o “hacia abajo”, cataplasma, cataclismo, catacresis, catacumba, catalepsis, catalejo, catálisis, catarro, catástrofe.

Pero a veces hay deseos apremiados a cerrar el desaliento, sin aire, la desazón, sin sal, el desconcierto, sin concierto, una suerte de optimismo forzado. Yo quisiera que hoy nadie viniera, quedarme todo el día en camisón, sin bañarme, sin salir, sin tener la necesidad de hablar, sólo pensar en todo esto, seguir pensando, desazonada, porque al desazonar algo se desconcierta.

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En todos lados hay CUERPOS y voces y mentes y ruidos, pero acá mismo, ahora, en esta tierra, un lenguaje se estampa en la magnolia como un jeroglífico de oro entre las hojas, letras de un alfabeto de luces, secretos evidentes, vetas en el tronco, fríos inviernos y veranos de miel y polvo en las chicharras.
Reconocer el fraseo de los PAJAROS y su confabulación poderosa con la rama, el terciopelo de la luz, los acertijos que le hablan a mis genes, a mis células abiertas a un horizonte de caballos quietos, meneando las colas al celeste con las orejas paradas, el olor de la gramilla, el agua en las aguadas, el bebedero incierto y el molino, el glosario en las membranas, en las vías del tren o en las palomas, en los gorriones tal vez o en los jilgueros, el campo desechado, la soja enardecida, el cielo desatado en pomposos nubarrones, y vuelven las marcas que quieren ser borradas, como esas cicatrices de los árboles, o los archipiélagos de cáscaras que dejan en sus troncos.
Acaricio lentamente esatextura.
La turbulencia de los astros se asemeja a una locura.
Así volvemos a los titubeos certeros del tacto, a la hinchazón que produce el borboteo.

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Lila Zemborain (Buenos Aires, 1955) reside en  Nueva York desde 1985. Fue editora de la serie de poesía Rebel Road (2000-2006) y, a partir de 2004, organiza la serie de poesía KJCC en el King Juan Carlos I Center de New York University, donde dirige la Maestría de Escritura Creativa en Español.

Ha publicado los libros de poesía: Ábrete sésamo debajo del agua (1993), Usted (1998),Guardianes del secreto (2002), Malvas orquídeas del mar (2004), Rasgado (2006) y, en colaboración con el artista Martin Reyna, La couleur de l´eau / El color del agua (2008). En 2002 publicó el ensayo Gabriela Mistral. Una mujer sin rostro.

Recibió las becas John Simon Guggenheim (2007) y de residencia en Millay Colony (2010).

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