Hermano ciervo Juan Pablo Roncone (Editorial Fiordo)

Roncone

Hombres que caminan solos junto al mar

Por Mario Nosotti

“Claudio acomoda la carpa enrollada y los sacos de dormir en la parte trasera de mi camioneta. El día está hermoso: sol y un suave viento marino que anuncia un buen viaje”. Así comienza Muerte del canguro, el primero de los ocho relatos que componen el  auspicioso debut  del chileno Juan Pablo Roncone. Pero en estos relatos nada es lo que parece: a poco de avanzar se abren fisuras y uno empieza a sentir la violencia que oculta la normalidad. El aire carveriano o la sombra de Bolaño, no alcanzan para definir el personal estilo de Roncone. Un narrador preciso, que observa los sucesos siempre a cierta distancia, y como en un camino rodeado por el denso follaje, constantes relumbrones de poesía. Por su unidad tonal Hermano ciervo podría ser una especie de road- movie donde las carreteras y los desplazamientos –físicos o emocionales- se estructuran en planos de una fuerte impronta cinematográfica.

Tres amigos que viajan hacia el sur y guardan un secreto que recién detonará cuando atropellen al único canguro que por accidente se encontraba en la zona, un peluquero que pierde el sueño por vengar a su hijo atropellado, o ese joven que expía el homicidio involuntario de su mejor amigo, conociendo a su madre y metiéndose  de a poco en su vida desahuciada.

En muchos de estos cuentos la muerte –casi siempre violenta- de un hermano, de un padre, de un amigo o de un hijo-  es iniciática de una nueva conciencia. El mundo conocido se deshace y se revela otro que desafía juicios, identidad y moral.

Los personajes de Roncone hablan poco. Se describen a sí mismos con acciones escuetas y determinantes. Son capaces de caminar por la cornisa con la actitud de alguien que ha asumido la alta posibilidad de la caída.  No se trata de seres resignados, sino de la intuición de que casi todo está fuera de control. La entrega a esa deriva -llevada hasta el final- se transforma en la búsqueda de algún tipo de verdad personal.

La hermandad, nos parece decir Hermano ciervo, es aquello que viene con la sangre,  que no puede apagar la adaptación ni la costumbre. Circula contenido hasta que un día se rompe en nuestros ojos. Esa misma reacción que compartimos con otros  animales cuando nuestra integridad se siente amenazada, se suele pagar caro en los seres humanos. De algún modo el que narra va de caza y su presa es la muerte,  esa forma violenta que puede revelarle algo de sí. La muerte abre la puerta a nuevas narraciones. Es como la mentira: hace que todo avance y que vuelva empezar.

Aperecida en Inrockuptibles Junio 2013

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