RAMIRO PELLIZA

Ramiro Pelliza foto

LLORAR EN ORDEN

1
Amaneció de noche. El cielo con la luna tan adentro. Pero, ¿acaso no era demasiado temprano para la grisácea?
Amaneció tarde aquella noche. Que lo mismo sería: ya no estás aquí a mi lado. Pero nunca tuve tamaña soledad como para darle tu nombre. Jamás pude contemplar una sonrisa desde adentro.
¿Existirá, realmente, alguna forma de llorar en orden? ¿y de enjugarse los errados pronósticos del clima?
Ay, lastimadura de loro, herida que es repetición en slow motion de lo adentro; del bordecito de la sangre que hace rojo en la superficie; Ay. Decir dolor en el momento en que no lato, en que no sirvo ni como eclipse. Ya no soy apto para cercanías; donar mi sangre sería desear que pudieras acuchillarme en otro cuerpo.
Ya no tengo ni la fruta podrida para hacer versos con un paraíso desflorado. ¡Mierda, carajo! Hasta lo escatológico es una pluma asfixiada entre su viento.
Que no puedas calarme, no deseo.
Que no puedas parar de bostezar en el momento en que la luna se haga cráteres en su reflejo apedreado en el desierto. Que tengas sueño y que no duermas.
Que te resbales, torpe, hasta con las sábanas en las que, a partir de ahora, te despiertes.
Que desayunes tarde, y más tarde llegues, demorada, culposa, triste, con el tener encima los encantos hechos antecedentes.
Que te hamaques para un solo lado. Que tu calesita no dé la vuelta o que no tenga sortija.
Que seas de un color que nadie sepa, transparentita.
Ay, dolor, si te pudiera llamar así, ya no estaría solo.


2
Amor, dale, que se me cansó el salir de sol. Amor, te huelo el corazón y huele a otro.
Que me enigmes, puede ser.
Que me sucedan.
Vos, que para llegar hasta mi pecho, tuviste que atravesar mi espalda. Por la parte que era ciego, también era sensible, libertadora de tu causa; dolida por quejoso; requerida por vengativo; restauradora de ansias ajenas; Ay, cansadita de siempre lo mismo.
Te juro que la luna no tiene entradas, pero cada día somos más los que no podemos salirle. Y es que los ojos multiplícanse cuando uno sueña; que de sueño no cumplido no hay retorno. Vos, soñadora, vos, sueñito.
Te acaricio con esta mano de sentirse solo; te sostengo con la fuerza de hombre para abrir tapitas duras. Tengo camellos suspirando en la desidia. Ay, amor, cuánta algarabía en tomar agua y seguir vivo.
¿Y este arnés que me sujeta por si me levanto? Dios, que enojarme sea tan prolijo; eso no.

Ramiro Pelliza: (Buenos Aires, 1990) actor y músico, Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Es integrante del grupo Ménage Literario Las puntas del clavo (poesía escénica).
En 2013 publicó La inquietud de la inercia (editorial Huesos de Jibia).
http://gravitarenlofondo.blogspot.com.ar/
http://www.poesiaargentina.com/autor.php?idAutor=196

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