Diario de un bebedor de petróleo

Diario de un bebedor de petróleo foto tapa libro

EN CRUDO

sobre Diario de un bebedor de petróleo. Juan José Mendoza (Ediciones Vox, 2015)

Cuenta Juan José Mendoza que en los años ´80 su padre lo llevó a conocer en un Fiat 1500 las viejas estaciones de servicio – esas que raramente hoy pueden verse, como antiguos esqueletos al borde de las rutas-  y que de sus letreros aprendió las primeras palabras: Shell, Esso e YPF. Esa experiencia parece haber sido la chispa que mucho tiempo después combustionó los versos de este libro, alejado de cualquier anecdotario. El bebedor de petróleo -que es también el petróleo mismo- prueba el “sabor sin par” de los hidrocarburos, y comienza su viaje hacia el fin de la noche, como si fuese un trip de mezcal que enlaza plataformas petroleras, commodities del crudo, valencias químicas y eructos que provienen desde lo más profundo del tiempo de la tierra, en una danza alucinada de palabras. El libro hace explotar cualquier parámetro genérico –restos de una libreta, registro autobiográfco, inventarios de nombres de diversas materias- y pone a dialogar motivos y obsesiones que se retoman en el avance lento, de fluido pesado de las entradas de un supuesto diario –Noche Uno, Noche Uno (un poco más tarde), Noche Dos– en un juego que bebe tanto de la poesía concreta como del neobarroso de estas costas (“saboreo el hule y huelo el hueso / quemo y quemo”). Poemas que parecen hechos con pedazos, esquirlas de palabras, y que son como pruebas o recombinaciones donde nunca se llega a la versión definitiva, donde por el contrario, se despliega el tanteo que construye un avance inacabado.  Pero lo que subyace es la pregunta por la forma, o mejor, sobre cómo decir aquello que no puede fijarse, que está siempre mutando hacia otra cosa, deriva de procesos donde la identidad es arrastrada e incluso combustiona, se evapora. La forma del petróleo, del que bebe de sí, es la forma que busca y construye el poema. La serie puede leerse también como una épica  donde a través de onomatopeyas (“la onomatopeya es la casa del ser”), cacofonías y cadenas rítmicas, se narra un proceso histórico, “la larga doctrina del alquitrán”: el petróleo es la sangre de la tierra, el fluido que todo lo mueve, aquel que con la sola variación su precio puede provocar guerras, movilizar personas, hacer salir la sangre “por las venas”- o las mangueras- “pinchadas de la historia”. O ser una canción, como si el canto pospusiera la muerte (la detención) inevitable, una anti-invocación en la que se repite: “voy a cantarte/ pero por favor/ no vengas”.

Acompaña al libro un CD con registros sonoros de Alan Curtis (músico, compositor y miembro fundador del grupo Reynols) y voces del mismo Mendoza, que son un viaje en sí, y que se complementan con el magma que en el andarivel verbal construyen los poemas.

mario nosotti (los inrockuptibles / octubre 2015)

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