El choque

Alzari Agustín FOTO

sobre La solución. Agustín Alzari. (Yo Soy Gilda Editora)

En una Rosario abombada por el calor, visible sobre todo en los lugares que la narración esquiva, Eduardo Almohada intenta sostener su nuevo emprendimiento editorial, precariamente asentado en un único cliente, el excéntrico, tacaño y verborrágico editor catalán Albert Briñas. Este, a la par que lo bicicletea alevosamente con los pagos y lo mantiene en vilo con sus vagos proyectos, despotrica contra el gobierno de los Kirchner y la idiosincrasia local. Pero por el momento Eduardo no encuentra otra salida: “Lo iba comprendiendo lentamente, era el suyo un problema cultural añejo, satánico, complicado, “No tengo a quién llamar””.

Agustín Alzari, que ya en La internacional entrerriana había demostrado su ductilidad al tratar en el registro de la crónica lo que podría haber sido una investigación académica, se sumerge de lleno en un tipo de ficción que todo el tiempo pivotea en referencias metatextuales y de la coyuntura nacional reciente.

Lo que hace de La solución una novela ágil, divertida, difícil de soltar, está posiblemente asociado a su ritmo estructural, al contrapunto (de latitudes, climas y registros) que ejerce la sabia y  desproporcionada distribución de los capítulos que entraman las dos líneas principales: la del pequeño Albert y su familia en los Pirineos catalanes en 1957 -que matiza al Briñas que aparece después, otorgando otro peso al desenlace- y la historia de Almohada y el mismo Briñas, ahora adulto, en el Rosario de 2008 -época del conflicto con el campo y el dólar a cuatro pesos-.

Si bien al promediar la novela el interés se cierra en la cruzada de Eduardo por hacer arrancar su difuso proyecto, hay una cantidad de pequeños embriones narrativos (la anhelada relación con Carla, la fábula de un Buda ambiguo, un fragmento del under teatral rosarino) que atienden diferentes códigos y jergas; esos desvíos, esos inserts, constantemente inyectan aire fresco a una historia falsamente monótona. Y dentro de ese juego de inclusiones, se destaca el guión de una novela gráfica que Eduardo escribe con su amigo dibujante, El Chocado: una fábula distópica y oscura que  transcurre en las cloacas de una ciudad inverosímil, y es también un reconocimiento a la vitalidad de un género del cual esta novela bebe, la historieta.

 La solución es un relato hecho de claroscuros, de una inusual densidad narrativa, que a través de la sátira narra una lucha de poder y un choque de culturas. Desde su mismo título, asume sobre todo el dilema del protagonista por escapar de cierta medianía, por encontrar sentido a una cotidianeidad sin perspectivas, demasiado pegada al desconcierto, como ese jean de Eduardo que en el abrumador verano rosarino le hace hervir las piernas.

Mario Nosotti

Revista Ñ (17/10/2015)

http://www.revistaenie.clarin.com/literatura/resenas/Agustin-Alzari-Solucion_0_1450654952.html

 

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