Ferreira Gullar

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Ah, ser sólo presente

A pesar de que algunos de mis poemas hablen del pasado, vivir en el pasado o tenerlo presente cada día no me agrada. En verdad, todos somos lo que vivimos y, en cierto modo, el pasado constituye también nuestro presente, lo recordemos o no. Pero, precisamente porque somos lo que vivimos, traemos con nosotros recuerdos muchas veces dolorosos, que de repente emergen en el presente. Creo que a nadie le gusta eso, a excepción de los masoquistas.
Hablando con franqueza, confieso que sufrir no es mi vocación, aunque no siempre consiga escapar del sufrimiento. Si puedo, escapo. Creo incluso que la vocación del ser humano (¿de todo ser vivo?) es la felicidad.
Eso es lo que todos buscamos, en la comida que saboreamos, en lo que bebemos, en los momentos de amor, en el cariño, en la amistad y en la alegría de hacer al otro feliz. Sufrir, no. Sólo cuando es inevitable, y el recuerdo del pasado es casi siempre sufrimiento: o porque volvemos a sentir el dolor de otrora, o porque rememoramos la felicidad que hubo y se fue para siempre.
Por eso fue que, cierta mañana, al entrar en la sala, viniendo del dormitorio, me encontré con el sol matinal que la invadía y me sentí feliz como nunca. Ningún pasado, ningún recuerdo. Yo estaba ahí, entonces, un animal transparente sumergido en la luz matinal. Y escribí estos versos:

Ah, ser sólo presente,
esta mañana, esta sala.

Es una aspiración ciertamente imposible de realizar, pero la poesía es, entre otras cosas, vivir, con ayuda de la palabra, lo imposible, ya que aspirar apenas a lo posible no tiene gracia. Pues bien, hubo gente que leyó esos versos y no sólo los apreció sino que estuvieron de acuerdo con aquella aspiración irrealizable. Esa de que el pasado terminó.
Heme aquí caminando por la avenida Atlántica cuando viene a mi encuentro un señor de anteojos, barba y cabellos casi enteramente blancos.
-Gullar, mi querido, ¡cuántos años sin vernos! ¿Se acuerda de aquel día, en la redacción de Manchete, cuando  Adolfo Bloch casi le pega?
-Pegarme,eh? -dije por decir, ya que no sabía quién era ese sujeto que me había abordado de repente.Y él continuó:
-Usted había aparecido en televisión, sin afeitar y sin corbata, hablando en nombre de la revista, lo que puso a Adolfo furioso.
Y agregó:
-Pero creo que no me está reconociendo…Soy Hélio, el fotógrafo.
Sólo entonces me acordé de él. Habíamos sido amigos y no fui capaz de reconocerlo.
-Usted agarró un cenicero, iba a golpearlo a Adolfo en la cara y fui yo quien lo arrastró afuera de la redacción, ¿se acuerda?
La verdad, nunca tuve muy buena memoria. Cuando volví del exilio, una actriz famosa y linda, compañera en la lucha contra la dictadura, bajó del auto en medio de la calle, en Ipanema, para venir a abrazarme. Dos meses después estoy lanzando un libro y ella se para frente a mí para que se lo autografíe, y el nombre se me va de la mente. Entro en pánico. No podía preguntarle el nombre después de ese abrazo efusivo en plena calle.
La solución que encontré fue levantarme, salir de la librería, atravesar corriendo la calle, entrar en el bar de enfrente, preguntarle a Thereza el nombre de la actriz y volver. Me senté de nuevo, ella me miró sin entender nada. Escribo, entonces, en el libro:
“Para Norma Bengell…”
Con el correr de los años, la cosa se fue poniendo peor. Otro día arreglé con Claudia que iríamos al cine. Elegí la película, quedé para encontrarnos ahí mismo, llegué antes, compré las entradas (una entera y una con descuento, ya que soy viejo) pero, cuando empezó el film ella dijo contrariada: “¿Te volviste loco? ¡Esta película ya la vimos!” Y yo: “¡Me estás cargando!” “¿¡Yo, cargando!? ¡Sos vos el que está loco! ¡No hace ni un mes que vimos esta película!”
Realmente, después de unos minutos, constaté que ya la habíamos visto. Así está mi memoria: todo lo que veo, leo, oigo o hago inmediatamente lo olvido. No tengo más pasado. Aquello que escribí en el poema se convirtió en verdad: me volví solo presente, esta mañana, esta sala.

08.04.2012

Ferreira Gullar

Traducción de Mario Nosotti, supervisada por Reynaldo Jiménez.
El texto en el idioma original (Ah, ser somente o presente), fue publicado por primera vez en el periódico Folha de S.Paulo, posteriormente incluído en el libro A alquimia na quitanda –artes, bichos e barulhos nas melhores crónicas do poeta-, de Ferreira Gullar, editado en Brasil por Três Estrelas (www.editora3estrelas.com.br).

 

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