Palabras desde donde desplomarse

thumbnail_monica_02.jpg libro (1)

sobre Un barco propio, Mónica Sifrim (CienVolando, 2018)

 

Jugando con el doble sentido del barco ebrio y el cuarto propio como desafío de pérdida y encuentro, Mónica Sifrim construye un libro potente –el sexto de su producción- donde la gravedad y lo leve conjugan un viaje al encuentro de sí misma.

 

Una muchacha se arroja al vacío, por amor o desdén, por algo que le quema. Su caída sin embargo es corta, termina suspendida en las ramas de un naranjo, una tragicomedia, porque así son las cosas, en la vida, en la poesía, no hay épica que no bascule en la ridiculez. Colgando de las ramas, la chica “es un capullo indócil” y vista desde el sol “es una lapicera / que graniza / coágulos de sangre”. La caída es resbalar de la ilusión, darse cuenta de que “no hay una zona tierna / donde apoyar el hueso dolorido”. Pero lejos de terminar, la muchacha emprende un viaje, un viaje circular donde arrojarse es el precio para reconocerse y nacer al deseo.

Las variantes de tono y densidad visual de cada una de las partes del libro (Formas de caer, El canal de la mancha, Grandes esperanzas, Un barco propio), son la evidencia de su extraña riqueza, de su monotonía espléndida. En contrapunto con lo telegráfico de las Formas de caer, por ejemplo, El Canal de la mancha  tiene la carnadura, el barroquismo leve de buena parte de la poesía de la autora. Recorriendo paisajes que son ínfimos retablos, nuestra esquiva  heroína llega oculta a una ciudad, para olvidar, o para darse a luz,  para recuperar las grandes esperanzas, aquéllas que permiten sostenerse cuando camino no hay.

La niña que recorre los poemas de Mónica Sifrim encuentra en un momento de este libro un barco propio, dos tablones de roble atornillados, desde donde asistir a salvo a sus caídas, sus lances, pero ese recorrido la lleva nuevamente a su primer verdad: “la poesía no era/mar/ni tierra firme /las palabras fueron la/escalera/para subir/al techo/desde donde/quise/desplomarme/una vez”.

Un barco propio tapa

La escritura de Sifrim es eminentemente rítmica, primordialmente verbal; si hay ideas, conceptos, van siempre de la mano de un rebote de diálogos, pequeñas colisiones de palabras que caen como semillas en un palo de lluvia; es por ese derrame que accedemos al logos. Y algo de lo fortuito también, de tomar lo que el oído trae, imágenes que tocan una verdad extinguida, que solo la poesía puede formular: “una muchacha rota en alquitrán”, “el porvenir es una oveja triste”, “las verdades se apilan / como capas de pan y de manteca”.

Aunque el tiempo de caer es ínfimo, el lenguaje construye un durativo que permite elevarse de nuevo, volver a desplomarse, orbitar desde distintos puntos, y permite al lector hilar los avatares de una historia agujereada, la de alguien que renace en cada etapa, cada escenario.

Un dios raro el de Sifrim, un dios que ama  los barcos, “Dios te dio / Las palabras./Dios te dio / un barco propio /Para alejarte de esta pesadilla /Es hora de saltar”. Las palabras nos permiten saltar, navegar una historia que como la de la muchacha de este libro, la de toda la poesía de Sifrim, se debate entre la transparencia y la catástrofe.

Mario Nosotti, Revista Ñ (13/10/2018)

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El día será oscuro

Aulicino foto marina

poemas de Jorge Aulicino

 

[Mito IV: Bailar con el diablo]

 

Una parte del conocimiento

es como el clima: se enuncia en grados;

la otra es sombra, decías.

 

El sistemático propósito de

saber qué detrás de cada máscara late o hay,

o qué al menos se pronuncia,

es loable, pues

desde cierto ángulo una cosa

es Londres, otra es el hielo,

otra es el placentero mar

de techos, la bahía rocosa,

el pino, la ventana abierta

al bosque, el gusto del dentífrico

en lo hondo de la boca,

el baño bautismal, la áspera

toalla, el disparo que hoy

tampoco haremos,

los goznes aceitados,

las vetas de la madera,

el tilo, el olor del tabaco,

las plantas que cuelgan

de una ventana, el calor

o el frío, la parca notificación,

el cuerpo, las mañas.

Pero todas ellas componen

un canto desleído, variable, sombrío,

con vetas de innumerables estrellas,

un canto físico,

y esto querríamos cantar,

no ya lo que el canto canta,

no su significado sino

su cadencia o candor o maldad.

 

*

 

En La Habana el infierno es el paraíso

y uno camina como arrastrando unas garras

en el fondo del mar  y se refugia en las arcadas de

las despintadas recovas donde un olor dulzón carcome.

Desnudo frente al mar turquesa,

siente la sal tallando ciudades viejas y laberintos

entre el manglar y entre las venas.

No hay saludo posible,

una oscuridad densa puebla los ojos y los rincones.

Un disparo no es nada en La Habana,

el sexo es olor,

el clima pudre todo,

la langosta en la transparencia de la pecera

como una pregunta agita ligeramente las anténulas,

pero su ojo, redondo y desprovisto de todo mal, no mira: vio.

Estamos a dos escalones del paraíso,

y los pies se nos queman.

No sabemos cómo llegó aquí la destilación, el traje de lino,

el cigarro, la corbata, el sombrero liviano, Europa.

La sal socavó conspiraciones, hubo muertos, hay sombras

y gemidos y deseos detrás de las ventanas. Y edificios torre

frente al mar, y restos de la gran guerra fría,

la guerra de los espías.

 

*

 

[William Carlos Williams]

 

Soy el intelectual más prestigioso de la cuadra.

Querría tener un De Carlo 1960 para estacionarlo

frente al Hospital de Infecciosos, donde pudiera verlo

desde la ventana trasera de mi departamento,

los asientos atestados de libros y bolsas de suero.

 

El De Carlo es blanco como la ballena,

como mi heladera.

Todo flota

lejano y fascinante

en esta hermosa ciudad.

 

*

 

[De Imitatione Christi]

 

Bienaventurado aquel a quien la verdad por sí misma enseña,

             no por figuras y voces trasmitida, sino así como es.

 

 

Lo público: un desgastado lustre marcial y recoleto,

largos pasillos vidriados con vidrio opaco,

las firmes vetas de capas de pintura superpuestas,

olor a cloro, ruda limpieza.

Es el antiguo edificio del parque Chacabuco bajo una neblina

casi lechosa alta,

en cuyos vestuarios suenan voces, gallos, pitos, carrasperas,

un acento bronco de vez en cuando

de las voces adolescentes.

Después, la pelota bien lanzada, el golpe

certero del bate: un dios exacto.

 

La enumeración era el discurso de los rapsodas,

nos dijo el buen profesor Mattarollo.

Pruébalo.

Enhebra tus cuentas.

Sólo unos días volverán del mar.

 

*

 

Tipos cuyo único vínculo con la nada es la nada.

Tipos que caminan a través de bosques de nada

y acampan en la nada. Caramañolas y palabras

agitan junto al fuego que ilumina desde la nada la nada.

Son los mejores cazadores. Ven, a decenas de metros

y entre el follaje de la nada, lo construido en la nada,

lo que se mueve en la nada con sangre y pelos.

Seres surgidos de la nada. Y no como ellos,

que solo atraviesan y cazan en la nada.

Es difícil imaginarlos junto a este río oscuro

que lame la costa parda y raspa el fondo

en busca de oro y leopardos hace tiempo enterrados.

 

*

 

[Juan José Saer]

 

El día será oscuro hasta el último día,

y los montes y los jardines y la roca y las escolleras

serán siempre falsas, siempre serán coartadas.

El tiempo será oscuro hasta el último día,

y para conocerlo basta un día,

la gata sentada al modo de los gatos, sobre sus cuatro patas,

entre papeles y tazas de café

acecha una inteligencia lejana,

como si la esperara. Pero el viento entre las plantas

atrae su vista hacia la ventana.

El día es una máquina cuyo óxido no lava el aceite

y la máquina escribirá,

hará trajes, destilará petróleo,

extraerá estaño y sílice:

todo, debajo de la virtualidad,

es máquina, los apuntes son sobre la máquina

cuyos fallos están previstos;

la máquina tal vez incluso mueve la sangre

de bosques y montañas.

Y si no es así, de nada vale cantar los bosques

porque no tienen ni promueven ni desean

ni los acercan palabras

ni trazos de pintura sobre la tela,

ni la máquina de una partitura.

No tienen intermediarios

y muchas veces no sabemos si traen el éxtasis o la imbecilidad

y caen, de todos modos, bajo la máquina.

No podés creer en la costa de California

ni en las cabañas ni en la Selva Negra

ni en la verdad de una ruta en la meseta patagónica:

todo es obra, querido, de la máquina.

Y la máquina también morirá porque el día será oscuro hasta el final.

 

poemas pertenecientes a Mar de Chukotka (Ediciones del DocK, 2018)

Aulicino foto

Jorge Aulicino. Buenos Aires, integró  el grupo y taller literario “Mario Jorge De Lellis”. Trabajó en agencias noticiosas y fue subdirector de la revista cultural Ñ y parte del Comité de Dirección de Diario de Poesía. Publicó los libros de poesía, Mejor matar esa lágrima, Vuelo bajo, Poeta antiguo, La caída de los cuerposPaisaje con autor, Hombres en un restauranteAlmas en movimientoLa línea del coyoteLas VegasLa nadaLa luz checoslovacaHostiasMáquina de faro y Cierta dureza en la sintaxis, Corredores en el parque, entre otros. Tradujo a Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini, Guido Cavalcanti, Dante Alighieri, Marianne Moore y Ezra Pound entre otros. A administra el blog de poesía  Otra Iglesia es Imposible.

 

TALLER DE POESÍA 2018

FLYER5

 

Thomas Mann dice: “escritor es alguien para quien escribir es más difícil que para otra gente”. Robbe-Grillet que el verdadero escritor no tiene nada que decir. Y el poeta Ives Bonnefoy que la imperfección es la cima.

Tratando hacer nuestra propia experiencia, corriéndonos de las definiciones, vamos a trabajar a partir de nuestro propio impulso escritural. Partiendo de los textos de cada uno de los participantes nos vamos a entregar a ese doble trabajo de intentar descubrir /construir la voz de cada uno, la de cada poema. Romper, armar, probar, pulir, escuchar. No hay reglas, pero si herramientas para hacer funcionar ese artefacto que se llama poema, artefacto cuya principal función es desplegarse en su naturaleza lo más plenamente posible.

El trabajo irá además, y según cada caso, en dirección de armar un conjunto de que en algún momento puedan articularse como libro.

En todos los encuentros vamos a dejar un rato para adentrarnos en la obra de algún poeta actual, con preferencia de nuestro país, y vamos a leer textos cortos y pequeños ensayos  que nos ayuden a reflexionar sobre el quehacer poético. También nos visitará cada tanto un poeta reconocido para contarnos su experiencia.

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Todos los lunes de 18:30 a 20hs, mate mediante, en un lugar hermoso y lleno de libros. Arrancamos el lunes 1 de octubre y los cupos son limitados.

Allá vamos.

La Musaraña Libros

Taller de escritura y lectura de poesía

Lunes 18:30hs

Inicio: lunes 1 de octubre 2018

Arancel mensual $ 1200.

Más info: musatalleres@gmail.com  Tel 4795-4823

                 marionosotti@gmail.com

Mario Nosotti (San Fernando, Buenos Aires,1966) Cursó estudios de Letras (UBA) y la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad Tres de Febrero. Formó parte de la antología de la 1º Bienal Iberoamericana de Arte Joven. Colaboró con las revistas de divulgación cultural Tsé-tsé, Parte de Guerra y La Otra. Entre 2004 y 2006 editó la hoja de poesía Música Rara. En 2014 obtuvo la Beca del Fondo Nacional de las Artes en el área letras. Publicó los libros de poesía Parto Mular (Editorial Último Reino,1998) y El proceso de fotografiar (Viajera Editorial,2014) y La casa de la playa (Club Hem, 2018) . Actualmente colabora con el suplemento Radar libros (Página 12), la revista Ñ (Clarín) y la revista Los Inrockuptibles y diversos medio gráficos y digitales. Coordina talleres de lectura y escritura creativa. Lleva adelante el blog de poesía y aledaños Música Rara

musicararablog.wordpress.com

 

En la estepa polaca

mario foto arteca

sobre Los poemas de Arno Wolica, Mario Arteca (Caleta Olivia, 2018)

 

Arno Wolica nació en 1957 en la ciudad polaca de Koszalin, cerca del Mar Báltico. Perteneciente a una familia de judíos ortodoxos abandona sus estudios de ingeniería para dedicarse a escribir.  Publica varios libros de poesía, teatro para niños y dos ensayos. Su poema “Después de Beckett” le trae problemas con las autoridades comunistas de turno que leen en el mismo cuestiones antirrevolucionarias. Otra de las cuestiones que marcan su vida son las sospechas de licantropía que pesan sobre varias generaciones de miembros de su familia, las cuales confinaron al ostracismo a varios de sus parientes. Es por esto que siendo ya un escritor reconocido se entrega a la tarea de componer un libro colosal.                                                                                                                 En marzo del 2000 publica El juego de la luna llena. Tratado de licantropía. Por esa época, una crisis personal y amorosa  lo hace caer en la bebida y auto-internarse en una clínica para adicciones de Varsovia. Todo esto nos lo informa en el prólogo del libro el escritor Horacio Fiebelkorn. Entre otros documentos, cita la opinión de Wilhelm Schwertzmann, titular de la cátedra de Literatura Judía Centroeuropea de la Niederösterreich-Lutherische Universität Berlin, quién refiriéndose al texto licantrópico de Wolica, explica que trabaja dos géneros contrapuestos, el lírico y el ensayístico, y remata  “una apuesta por la insuficiencia del sentido poético, sin perder tiempo en rodeos preliminares”. ¿Significa esto una nueva programática o nada más escritura polaca pura? se pregunta Fiebelkorn. No podríamos responderlo. Pero sí podemos arriesgar que esta caracterización bien podría cuadrarle a un poeta argentino oriundo de la plata.

Pero vayamos por partes. En esta selección de textos que el mismo Wolica realizó (no se menciona al traductor) muchos de los poemas están hechos con las incrustaciones de un cuerpo que nos ha sido sustraído. Nos quedan los fragmentos una historia cuyo contexto o es ambiguo e intercambiable, o nunca se repone. El poeta  propone una combinatoria, un juego de sintagmas, donde el que lee deberá construir el sentido. La indiferencia (o la confianza, podría interpretarse de ambas formas) en el lector es radical. Wolica se desprende de la instrumentalidad comunicativa, sabiendo que el sentido no es potestad del mensaje o la forma, sino que es construido por la subjetividad del receptor. Ir por la senda no hollada, el paisaje sin marco, desistir al control. Lo que hay son apuntes narrativos, escenas iluminadas, teatrillos de historias que de a poco se van entrelazando. Y al pasar, los poemas se leen como la biografía de un sujeto pensante, dubitativo, desgraciado, con momentos de felicidad y de decisión. Es como ver las fotos de viaje de un desconocido. Lo que de intimidad, de familiaridad tienen las fotos, es lo que a nuestros ojos tienen de ignorancia y extrañeza. El poema “Preterintencional” (Zbrodnia) dice así: “En efecto el hombre arrancó / el arma la hizo girar en el aire / y cuando estaba a punto / de hundirla en el pecho / soltó un exabrupto / y todo quedó en la nada”. La ironía, el humor y en varios casos la arbitrariedad cercana a las formas de nonsense, no impiden que Wolica sea eminentemente un poeta conceptual, solo que sus ideas son golpes sintagmáticos, imágenes rítmicas, avanzando por cortes o por reversibilidad “La dificultad del agua / en aplacar las raíces / cuya desgracia inicial / es darle todo el poder / a la absorción”.                                                                                                                        Digámoslo de una vez: Wolica es un invento de Arteca, Wolica no existe (aunque ya puede leérselo en el monumental sitio Poetas Siglo XXI), o mejor dicho, Arteca juega el juego de Pessoa con sus heterónimos. Demos gracias a Arno Wolica entonces, por permitirnos asistir a esta nueva dimensión de  Mario Arteca.

Mario Nosotti

Revista Ñ 25.08.2018

Arteca Arno Wolicka

Gabriel Cortiñas

Cuaderno del poema foto

 

Cuaderno del poema

 

No hay nombre que garantice el poema; hay textos que garantizan la búsqueda, aunque sea momentánea, de una verdad.

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La violencia de un verso contra el otro genera una dinámica; y así el ritmo deforma la semántica. Metáfora rítmica como un sonido estallado en partículas morfológicas. Existe una comunicación deformada porque los significados de las palabras chocan y se empujan unos a otros, se decoloran y surgen sus restos. Tenemos que pensar una semántica en constante estado de ebullición; ¿y la sintaxis?

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El ritmo subordina a la semántica, es por eso que el poema atiende un aspecto negado no sólo por la cultura occidental sino por gran parte del pensamiento: lo sensitivo. La filosofía americana debiera ser una filosofía de los sentidos.

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El verso sin conflicto y el texto como unidad armónica decora, por más que hable de Hiroshima. Cuando todo entra y no queda nada afuera se disuelve el conflicto, la política sería también delimitar una frontera, aunque esté siempre en movimiento.

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Querer definir cuál es la verdadera poesía es una pérdida de tiempo; porque la poesía no existe. Hay poemas de todo tipo. No obstante, para no caer en el relativismo estético podríamos decir: que no exista la poesía no nos inhabilita a pronunciarnos en favor de aquellos poemas que creemos constituyen una verdad.

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La sorpresa de una generación que se encuentra con una victoria estética; y se dispone a administrar los recursos. Cómo un discurso de rebelión se transformó en conservador, de giro intimista.

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El poema es un campo de fuerzas en pugna y este hecho no se puede falsear poniendo “blanco” y “negro” en un mismo texto.  Arturo Carrera dice que en poesía no se puede versear. Creo que intentar fraguar el conflicto en un plano puramente semántico olvidando que es el ritmo el que debe imprimir la semántica al poema, eso, en el mejor de los casos puede llegar a entretener.

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Fuerza viene de fortia que significa “fuerte” pero también suena a “fuente”. En la física esta palabra se utiliza para expresar la capacidad de modificar la forma o estado de reposo de un cuerpo.  Un poema debería pretender al menos modificar ese cuerpo llamado lenguaje, una estética dinámica y bien lejos de la contemplación.

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El llamativo fenómeno de las obras completas de autores jóvenes.

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El tiempo predilecto para un poema es el presente porque ahí confluyen pasado y futuro: el poema ensancha el presente.

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Memoria y tragedia en la obra de Zurita como parte constitutiva de la democracia chilena postdictatorial a la que el dedo de Lagos no pudo alumbrar. La sintaxis poco alterada con la suavidad de un sabio, otro de los puntos en común con la obra de Juanele. Una única obra, un único tema, la dictadura o el río; la voz, hacia lo monumental.

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La violencia de un verso contra otro otorga al poema un valor estrictamente dinámico.  Los restos son el chispazo, ese plus que tiene el poema; la luminosidad de un artefacto así no está garantizada por el mero hecho de que aparezca en este la palabra “luz”.

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Crucé la 9 de Julio leyendo a Parra, qué entretenido que es Nicanor Parra.

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Ayer leí unos textos en “La Casa del Poeta” en el barrio Roma del DF. El lugar no estaba mal, una casa muy grande y elegante, pero pensé que hubiera sido mejor que se llamara “La Casa del…”

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Entro a una librería de libros usados en el DF:

-Perdón, ¿hay una sección de poesía?

-Sí, allá donde dice “Temas de guerra”.

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Gabriel Cortiñas (Buenos Aires, 1983). Premio Casa de las Américas de poesía por su libro Pujato (Fondo edit. Casa de las Américas / Editorial Voz, 2014) y Premio Internacional Margarita Hierro por Hospital de campaña (Club Hem, 2017). Coeditor de la revista literaria Rapallo. Los fragmentos anteriormente presentados pertenecen a Cuaderno del poema (Palabras Amarillas, 2017)

 

 

Flechas de vientre amarillo

Schierloh Eric foto

poemas de Eric Schierloh

 

Flechas de vientre amarillo

 

50 metros después del aromo

el agua se calma            aquieta

sin corriente

los benteveos sobrevuelan

en dirección del bosque

como flechas de vientre amarillo

la orilla de la margen izquierda es alta

algo menos la derecha

hay otro aromo de hojas carnosas

mitad seco el follaje     grueso el tronco

todo el árbol recostado sobre el espejo de agua

el agua que sigue calma

salta una lisa    otra lisa

otros cincuenta metros de agua tranquila

juncos en la margen izquierda

las cortaderas rodean un Sandí muy pequeño

y al final otro sarandí

sarandíes blancos (phyllanthus sellowianus?

emerge o crece una corriente                el agua

se vuelve profunda

un árbol seco      pequeño           margen izquierda

muy alta               casi 2 metros

los cangrejos asoman                    otean

por los agujeros de sus madrigueras

un benteveo dormido    no dormido        adormilado

la margen derecha debe medir 1 metro

el benteveo me mira

gira muy lento la cabeza

u-ú        digo yo             el benteveo no se mueve

todavía me mira

después del aromo a 50 metros la corriente

se vuelve ligera              serpentea

curva a la izquierda

 

 

 

Las gaviotas lo saben

 

la rompiente

donde el agua

se enturbia

y bosqueja los planes

de la topografía futura

de la costa

 

las gaviotas lo saben

mejor que nadie

y un día

mientras se alimentan

o simplemente mientras miran más allá

con esos ojos de parcas

como sólo ellas saben hacerlo

levantan vuelo al unísono

todas juntas

todas

convencidas      todas       de que una vez

que vuelvan

el lugar

todo el lugar

habrá cambiado          para siempre

la rompiente

es silenciosa en su efectividad

por debajo del estruendo

de las tumultuosas olas

espectaculares

 

 

 

El fantasma mínimo

 

el pájaro

es tan delicado

como para ser

soportado

por el largo brazo

medio verde

medio tostado

de una cortadera

-el peso

de la estrategia

de la pequeñez

 

negro y blanco

y muy pequeño

casi imperceptible

para el ojo desatento

como el fantasma

mínimo

de algún antiguo guerrero

mientras el sol se pone

y él contempla

él observa

-la cabeza un poco ladeada

al más pequeño todavía

cangrejo de agua dulce

justo debajo

 

 

Eric Schierloh (La Plata, 1981) publicó los libros Formas de humo (Beatriz Viterbo, 2006), Kilgore (Bajo la luna, 2010), Costamarina (Barba de Abejas, 2012), Los cueros (La Bola editora, 2014), Frío en la regiones equinocciales (Barba de Abejas, 2014), El mamut (Bajo la luna, 2015), El maguey (Club Hem, 2016), Troglodytes (El sueño del Panda, 2017), La mera tierra (Bajo la luna, 2017), Variaciones sobre cerrar los ojos (EMR, 2017), Por el camino de tierra (2017), China ya no los quiere (Extra/2, Bajo la luna, 2018). Ha traducido a R.W. Emerson, N. Hawthorne, D. Meltzer  entre muchos otros. Vive en City Bell, desde donde dirige la editorial artesanal Barba de Abejas. Los poemas aquí presentados pertenecen a Cuaderno de ornitología (Caleta Olivia Ediciones, 2018)

Schierloh Eric tapa libro

 

 

Elsa Beatriz actualizó su estado

Aren para entrada

por Gremán Arens

 

 

4 de diciembre de 2017

¿Algún contacto posee una foto de Casa Maffi? Quedaba

en la primera cuadra de la calle O’Higgins. En ella adqui-

ríamos partituras para nuestros estudios musicales.

Era importante o me parecía a mí; me encantaba ir de

chica. Si no me equivoco tenía escaleras en las distintas

secciones (o las imagino). Anduve leyendo acerca de su

dueño. Incursionó en varios rubros comerciales; jamás

lo hubiera imaginado. Para mí Casa Maffi siempre

estuvo relacionada con la música.

 

 

5 de diciembre de 2017

El auge en cualquier sentido se funda ante todo utili-

zando el talento innato que todos los humanos posee-

mos en algún grado. De ninguna forma echando mano

a la destrucción moral o material de las sociedades y

personas en particular.

 

 

22 de diciembre de 2017

Hacer mi trabajo me lleva tiempo. Soy muy maniática,

lo reconozco. Intento lo mejor posible en cuanto a re-

sultado. Invierto horas de mi vida; encima soy criticada

al respecto. Todo trabajo cualquiera sea exige dedica-

ción y obligación de nuestra parte hacia toda persona

con la que nos relacionemos a tal efecto.

 

 

2 de enero de 2018

Estoy cansada de que me presionen; o harta como

decía mi mamá. Hasta los tres gatos en forma

telepática saben hacerlo. Ni de ello es posible esca-

bullirme.

 

 

fragmentos de El libro de mamá, Germán Arens, (Barnacle Editora, 2018)

 

descarens tapa libro

“El libro de mamá” de Germán Arens debe leerse como un gesto de amor. Lo supe al recorrer este diario virtual de Elsa y sentirme una hija escuchando a su madre. Sé que si mi mamá tuviera la oportunidad de contarme cotidianamente sus impresiones, de referirme las historias que va recordando, los aprendizajes que le depara su madurez, los hechos que aún la sorprenden, la entusiasman o la entristecen, sonaría como Elsa en sus estados de facebook. Estos escritos son, quizás, la forma que encuentra Elsa para hacerse escuchar e incluso para ordenar el sentido de lo vivido. ¿O no es para eso, entre otras cosas, que elegimos escribir? Germán, entonces, recoge con cuidado la palabra de Elsa y la convierte en libro con sus manos habituadas a la poesía.

Carina Sedevich