Como si todo estuviese ocurriendo

Jorge Aulicino foto

sobre Mar de Chukotka, Jorge Aulicino (Ediciones Del Dock, 2018)

 

“Una y otra vez nos fabricamos / y el espíritu no es nunca el nuestro”. Si como dijo alguien, el poeta es una antena capaz de captar en lo diverso los cambios de una sociedad, la poesía de Jorge Aulicino ausculta las imágenes de la cultura, sabe que en lo domesticado de la naturaleza (porque otra casi ya no existe), en las manufacturas, los  residuos, late una especie de espíritu que nos llama a buscar, ir más allá de nosotros. Lo que amalgama lo real no es algo metafísico, está en los materiales que el poeta escruta y revisita, nítidos y presentes, y de pronto insondables.

El aliento narrativo de la poesía de Mar de Chukotka es solo el maquillaje para hacer visible el grano de una historia, o de la Historia; el viaje por los tiempos, las latitudes, las tradiciones, son la forma de expresar un presente que se asienta en el gato en la ventana, la luz cayendo de determinada forma, un automóvil viejo con los asientos repletos de libros. Constantes variaciones, infinitas excusas, son la puerta entornada que se abre hacia el vacío que todo lo sustenta, algo que sin embargo no está fuera de la historia sino que más bien es su propio movimiento.                                                                                             Todo lo que se describe se hace idea (“no ideas, sino en las cosas”, decía William Carlos Williams) pero aquí la sintaxis tuerce cualquier fijeza, envía a andariveles ajenos a la lógica esperable. Como las frías costas del Mar de Chukotka las fronteras se renuevan, los limites se corren, la pregunta por la representación se hace fuerza verbal : “ lo que sucede es el hielo / como si nunca sucediera, / el hielo / tu página en blanco / son siluetas, tu escritura / bordadas momentáneamente en el hielo / momentáneamente, / porque lo que sucede / es el hielo”. El hielo, como el desierto, los parajes desolados, puede ser la metáfora de la eternidad, o de la nada, allí donde desagua y se diluye el teatro del mundo, porque en verdad “todo es como si no hubiese sucedido / O es todo como si estuviese ocurriendo”.

Hace unos años en un reportaje, Jorge Aulicino dijo que prefería tomar distancia de lo personal en lo que escribe, como si la autorreferencialidad entrañara una especie de mal: “Cuando empiezo a escribir trato de ubicarme en un paisaje, aunque sea el de este bar. El juego que uno trata de hacer no es ver la historia desde afuera, sino verse en la historia, verse en ese paisaje.” La voz de los poemas de Aulicino encarna a ese sujeto que se observa a sí mismo, un otro que se mueve entre las cosas, las celebra, duda o descree.  El dialogo con la literatura (desde Dante y Homero a Apollinaire o Saer), se ha imbricado a la vida cotidiana como un interlocutor más con el cual compartir pensamientos, teorías y esperanzas. Una sintaxis musical, derivativa, que alterna el vos y el tú, el registro coloquial y otro más “literario”, más admonitorio, fogonea el impulso de decirlo todo, de abordar lo real por desmesura , aun sabiendo que semejante empresa está condenada al fracaso.

Con todos  los poemas de este libro podríamos listar categorías (política, filosofía, mitos, bártulos, industria), configurar sistemas que en sus cruces, en sus anomalías, vuelvan a hacer visible el mundo, atendible el espacio, como los osos blancos que por la quebradura de los hielos no llegan a la zona donde están las focas, “pasean por la aldea /saqueando los contenedores de basura”.

El filósofo Gilles Deleuze dice que tratamos de estructurar un orden lógico, una especie de “paraguas” para protegernos del caos, y que la ciencia, el arte y la filosofía quieren que desgarremos ese firmamento, corramos ese límite. El Mar de Chukotka, en el Océano Glacial Ártico, es también ese horizonte,  esa luz fantasmal  que nos punza a seguir, a ir más allá.

mario nosotti, revista Ñ (N° 788, 3/11/2018)

 

selección de poemas :

https://musicararablog.wordpress.com/2018/10/04/el-dia-sera-oscuro/

 

Anuncios

El día será oscuro

Aulicino foto marina

poemas de Jorge Aulicino

 

[Mito IV: Bailar con el diablo]

 

Una parte del conocimiento

es como el clima: se enuncia en grados;

la otra es sombra, decías.

 

El sistemático propósito de

saber qué detrás de cada máscara late o hay,

o qué al menos se pronuncia,

es loable, pues

desde cierto ángulo una cosa

es Londres, otra es el hielo,

otra es el placentero mar

de techos, la bahía rocosa,

el pino, la ventana abierta

al bosque, el gusto del dentífrico

en lo hondo de la boca,

el baño bautismal, la áspera

toalla, el disparo que hoy

tampoco haremos,

los goznes aceitados,

las vetas de la madera,

el tilo, el olor del tabaco,

las plantas que cuelgan

de una ventana, el calor

o el frío, la parca notificación,

el cuerpo, las mañas.

Pero todas ellas componen

un canto desleído, variable, sombrío,

con vetas de innumerables estrellas,

un canto físico,

y esto querríamos cantar,

no ya lo que el canto canta,

no su significado sino

su cadencia o candor o maldad.

 

*

 

En La Habana el infierno es el paraíso

y uno camina como arrastrando unas garras

en el fondo del mar  y se refugia en las arcadas de

las despintadas recovas donde un olor dulzón carcome.

Desnudo frente al mar turquesa,

siente la sal tallando ciudades viejas y laberintos

entre el manglar y entre las venas.

No hay saludo posible,

una oscuridad densa puebla los ojos y los rincones.

Un disparo no es nada en La Habana,

el sexo es olor,

el clima pudre todo,

la langosta en la transparencia de la pecera

como una pregunta agita ligeramente las anténulas,

pero su ojo, redondo y desprovisto de todo mal, no mira: vio.

Estamos a dos escalones del paraíso,

y los pies se nos queman.

No sabemos cómo llegó aquí la destilación, el traje de lino,

el cigarro, la corbata, el sombrero liviano, Europa.

La sal socavó conspiraciones, hubo muertos, hay sombras

y gemidos y deseos detrás de las ventanas. Y edificios torre

frente al mar, y restos de la gran guerra fría,

la guerra de los espías.

 

*

 

[William Carlos Williams]

 

Soy el intelectual más prestigioso de la cuadra.

Querría tener un De Carlo 1960 para estacionarlo

frente al Hospital de Infecciosos, donde pudiera verlo

desde la ventana trasera de mi departamento,

los asientos atestados de libros y bolsas de suero.

 

El De Carlo es blanco como la ballena,

como mi heladera.

Todo flota

lejano y fascinante

en esta hermosa ciudad.

 

*

 

[De Imitatione Christi]

 

Bienaventurado aquel a quien la verdad por sí misma enseña,

             no por figuras y voces trasmitida, sino así como es.

 

 

Lo público: un desgastado lustre marcial y recoleto,

largos pasillos vidriados con vidrio opaco,

las firmes vetas de capas de pintura superpuestas,

olor a cloro, ruda limpieza.

Es el antiguo edificio del parque Chacabuco bajo una neblina

casi lechosa alta,

en cuyos vestuarios suenan voces, gallos, pitos, carrasperas,

un acento bronco de vez en cuando

de las voces adolescentes.

Después, la pelota bien lanzada, el golpe

certero del bate: un dios exacto.

 

La enumeración era el discurso de los rapsodas,

nos dijo el buen profesor Mattarollo.

Pruébalo.

Enhebra tus cuentas.

Sólo unos días volverán del mar.

 

*

 

Tipos cuyo único vínculo con la nada es la nada.

Tipos que caminan a través de bosques de nada

y acampan en la nada. Caramañolas y palabras

agitan junto al fuego que ilumina desde la nada la nada.

Son los mejores cazadores. Ven, a decenas de metros

y entre el follaje de la nada, lo construido en la nada,

lo que se mueve en la nada con sangre y pelos.

Seres surgidos de la nada. Y no como ellos,

que solo atraviesan y cazan en la nada.

Es difícil imaginarlos junto a este río oscuro

que lame la costa parda y raspa el fondo

en busca de oro y leopardos hace tiempo enterrados.

 

*

 

[Juan José Saer]

 

El día será oscuro hasta el último día,

y los montes y los jardines y la roca y las escolleras

serán siempre falsas, siempre serán coartadas.

El tiempo será oscuro hasta el último día,

y para conocerlo basta un día,

la gata sentada al modo de los gatos, sobre sus cuatro patas,

entre papeles y tazas de café

acecha una inteligencia lejana,

como si la esperara. Pero el viento entre las plantas

atrae su vista hacia la ventana.

El día es una máquina cuyo óxido no lava el aceite

y la máquina escribirá,

hará trajes, destilará petróleo,

extraerá estaño y sílice:

todo, debajo de la virtualidad,

es máquina, los apuntes son sobre la máquina

cuyos fallos están previstos;

la máquina tal vez incluso mueve la sangre

de bosques y montañas.

Y si no es así, de nada vale cantar los bosques

porque no tienen ni promueven ni desean

ni los acercan palabras

ni trazos de pintura sobre la tela,

ni la máquina de una partitura.

No tienen intermediarios

y muchas veces no sabemos si traen el éxtasis o la imbecilidad

y caen, de todos modos, bajo la máquina.

No podés creer en la costa de California

ni en las cabañas ni en la Selva Negra

ni en la verdad de una ruta en la meseta patagónica:

todo es obra, querido, de la máquina.

Y la máquina también morirá porque el día será oscuro hasta el final.

 

poemas pertenecientes a Mar de Chukotka (Ediciones del DocK, 2018)

ver reseña

https://musicararablog.wordpress.com/2018/10/04/el-dia-sera-oscuro/

Aulicino foto

Jorge Aulicino. Buenos Aires, integró  el grupo y taller literario “Mario Jorge De Lellis”. Trabajó en agencias noticiosas y fue subdirector de la revista cultural Ñ y parte del Comité de Dirección de Diario de Poesía. Publicó los libros de poesía, Mejor matar esa lágrima, Vuelo bajo, Poeta antiguo, La caída de los cuerposPaisaje con autor, Hombres en un restauranteAlmas en movimientoLa línea del coyoteLas VegasLa nadaLa luz checoslovacaHostiasMáquina de faro y Cierta dureza en la sintaxis, Corredores en el parque, entre otros. Tradujo a Cesare Pavese, Pier Paolo Pasolini, Guido Cavalcanti, Dante Alighieri, Marianne Moore y Ezra Pound entre otros. A administra el blog de poesía  Otra Iglesia es Imposible.

 

Una articulación diversa

Felicitas Casillo foto

Felicitas Casillo

 

 

Pichi Leufú

Pichi Leufú significa
pequeño río.
Y en el sur zurce la estepa
amarilla
como un cordón azulino.

 

Jardinero

Cuando él volvía de quemar las hojas,
el humo le salía por los puños de la camisa
como antes había crecido
desde los nudos de las ramas.
Lo seguían sombras de agua en las paredes.
Suyo era el tiempo que pronuncian los ríos.

 

La trama de este hombre

La mañana oblicua inflama las butacas.
Afuera los trabajadores repiten
la diligencia y el ritmo
de todos los peones del mundo
en las estaciones de tren.
Descubro alguna similitud
entre los pestillos de esta formación
y el herramental de un gabinete de ciencia.

Abro un libro que cargo desde hace semanas.

Un anciano se sienta junto a mí.
Las mangas de percal le aprietan las muñecas.
Sacude las páginas de un diario gratutio
para enderezar el papel.
Se demora en los caballos.
Finalmente cierra el pliego
y guarda los anteojos contra el pecho.
Sobre el regazo descansa
la llagada carnadura de sus manos.

La trama de este hombre
no me deja leer.

 

Una articulación diversa

El sotobosque asciende hasta los pedreros de granito.
Algunas grandes rocas nos despeñamos hace tiempo.
Rodamos con estruendo y gloria por los cañadones.
Después mantuvimos tratos menudos:
bandurrias, chucaos, carpinteros.

Ahora de vez en cuando se distingue
sobre el rezongo de la cascada
una articulación diversa.
El eco disonante entre la bruma
de la voz única del principio.

Vienen de la planicie.
Parecen cachorros torpes y risueños.
Evitan los tábanos y señalan lagartijas
en los parches luminosos del camino.
Nos acarician al pasar y se alejan

Son de agua por dentro.
Contra sus palmas resuenan
los cauces del paraíso.

 

El gran enero  

Este jardín es una promesa.

El año que pasó toma cuerpo de titán
y aguanta el balcón de la memoria.
La arena volcánica abunda entre los pastos.
Huele todavía a las entrañas del mundo,
a pólvora o a sol, como todas las piedras.
La luz, en cambio, resulta compasiva.
Nimba los cuerpos contra las tardes de mariposas.
La presión del agua es mucha.
Los regadores giran como fábricas.
Su silbido apagado señala el crepúsculo.

Desde una silla, el mundo es de mi madre.

 

Felicitas Casillo (Bahía Blanca, 1986). Profesora e investigadora especializada en análisis del discurso y estudios sobre cultura. Publicó en poesía Puré de abejas (Vinciguerra 2010). En 2013 su poemario Las orillas obtuvo el tercer premio nacional de la Fundación Argentina para la poesía. En 2017 publicó El gran enero (Ediciones del Dock), del cual se extractaron los poemas aquí presentados.|