Elsa Beatriz actualizó su estado

Aren para entrada

por Gremán Arens

 

 

4 de diciembre de 2017

¿Algún contacto posee una foto de Casa Maffi? Quedaba

en la primera cuadra de la calle O’Higgins. En ella adqui-

ríamos partituras para nuestros estudios musicales.

Era importante o me parecía a mí; me encantaba ir de

chica. Si no me equivoco tenía escaleras en las distintas

secciones (o las imagino). Anduve leyendo acerca de su

dueño. Incursionó en varios rubros comerciales; jamás

lo hubiera imaginado. Para mí Casa Maffi siempre

estuvo relacionada con la música.

 

 

5 de diciembre de 2017

El auge en cualquier sentido se funda ante todo utili-

zando el talento innato que todos los humanos posee-

mos en algún grado. De ninguna forma echando mano

a la destrucción moral o material de las sociedades y

personas en particular.

 

 

22 de diciembre de 2017

Hacer mi trabajo me lleva tiempo. Soy muy maniática,

lo reconozco. Intento lo mejor posible en cuanto a re-

sultado. Invierto horas de mi vida; encima soy criticada

al respecto. Todo trabajo cualquiera sea exige dedica-

ción y obligación de nuestra parte hacia toda persona

con la que nos relacionemos a tal efecto.

 

 

2 de enero de 2018

Estoy cansada de que me presionen; o harta como

decía mi mamá. Hasta los tres gatos en forma

telepática saben hacerlo. Ni de ello es posible esca-

bullirme.

 

 

fragmentos de El libro de mamá, Germán Arens, (Barnacle Editora, 2018)

 

descarens tapa libro

“El libro de mamá” de Germán Arens debe leerse como un gesto de amor. Lo supe al recorrer este diario virtual de Elsa y sentirme una hija escuchando a su madre. Sé que si mi mamá tuviera la oportunidad de contarme cotidianamente sus impresiones, de referirme las historias que va recordando, los aprendizajes que le depara su madurez, los hechos que aún la sorprenden, la entusiasman o la entristecen, sonaría como Elsa en sus estados de facebook. Estos escritos son, quizás, la forma que encuentra Elsa para hacerse escuchar e incluso para ordenar el sentido de lo vivido. ¿O no es para eso, entre otras cosas, que elegimos escribir? Germán, entonces, recoge con cuidado la palabra de Elsa y la convierte en libro con sus manos habituadas a la poesía.

Carina Sedevich

 

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Hay que dejar de ser hermosa

Monica Tracey tapa libro             Monica Tracey foto

poemas de Mónica Tracey

 

 

III

 

Nada es para siempre

salvo

en la afiebrada tempestad del amor

en el cuerpo enfermo de la juventud

cuando las tormentas no se avecinan

estallan

de una vez y para siempre

torbellino hacia un fondo sin final

esa locura sí locura de llevar el cuerpo

incienso encendido

humo y perfume

saciedad impura

creyendo

de rodillas

las manos juntas

el alma en ascensión

ceremonia sin palabras

descanso de ser uno.

 

 

 

Me he vuelto una experta

y ya siento en el cuerpo

el último dolor que se escurre

confundido con una leve

corriente de dulzura

el fin del amor

noventa días

de exilio

en una bruma

quién dónde qué soy

rearmada cada parte con

lo que puede como sea

atenta al más mínimo nuevo rumor.

 

 

 

No de cristal

de láminas de cristal

talladas hasta su extrema

sutileza

hasta no soportar nada

no una palabra

ni el inicio de un gesto

de ese bello y raro

cristal estoy hecha

y no ya no

podés acercarte.

 

 

 

Toco el corazón con un punzón

hurgo el lugar de la herida

intento que sangre

hay un naufragio de otro tiempo

una tormenta de viento

un viejo desamparo

que tus besos, amor, no curaron.

 

 

Basta la punta de un dardo

ocioso distraído

para que el corazón se cierre

como un erizo

un raro erizo de puntas hacia adentro

que lastimara sus propias entrañas.

 

 

 

No sienta precedentes

no es que si amás este verano seguirás amando

que después de amar amás

que hay otra mañana porque hubo esta

en el celeste del patio

ninguna fortaleza tomada es una fortaleza

ahí estás como ayer

tantas partes de agua tantas de lágrimas

ojo seco

diciéndote voy a ver.

 

 

 

Hay que dejar de ser  hermosa

cortar los hilos que te suspenden

de otra mirada

dejar el cuerpo sanando los ojos

mirando el horizonte

tentar la intensidad de otra danza.

 

 

Mónica Tracey: Bs As, 1953. Publicó: A pesar de los dioses,1980; Celebración errante, 1987; Hablar de lo que se ama, 1990; Hablo en lenguas, 1999; Sobre la espalda del cielo, 1999, todos publicados bajo el sello Ediciones Último Reino. Integró los grupos de poesía “El sonido y la furia” y “Nosferatu”, fue parte del grupo fundador de la revista de poesía Último Reino.

El secreto de las hormigas

Desmaras foto

julieta desmarás

 

 

El secreto de las hormigas

 

Mi humor es inestable

como las luces de los rascacielos

y el silbido que baldea la vereda.

 

Aprieto mis manos y a veces la ajena.

Somos tres manos que aúllan

en la desierta blancura.

En el amor los sueños son esquinas,

afables contenedores deshechos de bocas.

El secreto está en las hormigas,

soldaditos minan mi mente

nunca duermen.

 

Aún en la desierta blancura

tienen la capacidad de discernir quién falta.

 

 

Puntada Bonnet

 

El silbido de la primera nevada

hunde a mi padre en borceguí

sobre un blanco perfecto traza

su índice estirado en mi cuello.

 

su sed gota de mi sed no bebe

 

Algunas veces la sal para

la nieve

deja un daño más grande

una sensación fantasma

de avalancha continua.

 

 

Zorro

 

El dolor es antiguo,

una hermosa fachada en venta.

El dolor es historia,

un sillón que cubre una fiesta sin baile.

El dolor tiene miedo a las estatuas

que fijan la mirada

 

-cansa ser extranjero

cortar y pelar y que no comas-

 

confunde ramas por sogas,

vuela o cuelga.

 

 

Despedida

 

Me arrojo a las patas de mi perro

última vez sus ojos en mi vientre

el corazón estira soledad de isla

una tarde de tarde lenta se enfría

escoltas de pelaje olvidan lo tibio.

 

 

Detención

 

Tus manos se juntan

como repollos bajo la nieve

hacen frente a la escarcha.

 

Sin voz sonreís

con gesto de maestra rural

menos exigente en horas frías.

 

Todo tu cuerpo es una yema temblorosa.

Hoy no es un día para andar con la palabra.

 

 

 

Julieta Desmarás: poeta, actriz, colabora con diversas publicaciones culturales. Publicó los poemarios El río y su cajón (Alción, 2014) y La voz mayor (Alción, 2018), del cual han sido tomados los poemas aquí presentados. Forma parte del colectivo de música y poesía El toro.

 

 

 

 

nombre de guerra

fernanda nicolini foto

fernanda nicolini

 

 

Marcela

I

Cómo se construye una vida

no es una pregunta

es un estado de vigilia

una ansiedad convertida en círculos

aunque ella no piense en círculos

sino en dibujos sin hacer

en números que se unen por líneas

que en este caso

desconocen la ley de la secuencia

el dos no sigue al uno

y no hay modo de que lo haga

están los espacios vacíos,

la incógnita, el tono de una voz perdida

nadie la grabó y, ¿sabés qué?

las voces no quedan en la memoria

como el olor de una tarde de diciembre

el zumbido del tiro que te parte la columna

el grito que congela tu nombre de guerra

en un barrio que huele a mierda

¿Reconocés su voz? ¿Podés escucharla?

Ninguno puede: ellos también quemaron fotos

y guardaron imágenes en calles de tierra

para compartir con nadie

y no la oyen.

Cómo se construye una vida no es una pregunta

es un estado en el que las dimensiones

se comprimen y el tiempo no es más

que un modo de ordenar la distorsión.

 

II

Ella también la ve.

A decir verdad la vio

esa vez que prendió la ducha

y el agua vino con olor a mierda

la ve gritando el nombre de un hijo

en el momento en el que la bala

le descose las vértebras

 

pero no la oye

el hijo tampoco

 

por ahora solo juega con la sopa:

su cuchara da vueltas

como un avión sobre el agua.

 

III

Cómo se escribe una vida no es pregunta

es un instante fijado en el mapa mental del testigo

la imagen que nunca existió

y se vuelve cada vez más nítida

como ese color que estalla

cuando cerrás los ojos y te imaginás

la historia personal sin derrotas

la de los muertos.

Una vez quemó un colectivo:

los hizo formar en el descampado

y les dio las razones del fuego

si los patrones no pagan la chapa arderá.

El chofer dijo que la mujer cargaba un arma

y que era hermosa.

El diario dijo que la mujer cargaba una bomba

y que era hermosa.

El testigo recuerda su pelo

no era claro, no era oscuro

no era largo, no era corto.

Lo recuerda como algo que arde y es hermoso.

 

Fernanda Nicolini (1979) Periodista y escritora. Publicó el libro de poemas Ruta 2  (Gog y Magog) y las plaquetas  Rubia (Zorra poesía) y Once (Color Pastel). Autora junto a Alicia Beltrami de la biografía Los Oesterheld (Sudamericana). Dirige la revista Brando. Los poemas aquí presentados pertenecen al libro El cuerpo en la batalla (Caleta Olivia, 2018).

 

 

 

 

 

planeta zumbido

Salzano Juan foto

poemas de Juan Salzano

 

1.

y en medio del encantamiento, arcabuz, abierta

pirotecnia en la búsqueda del interruptor

de encendido, la cresta encandilada del tentáculo que roza

lúbrico la cadera del volante: la nave eyectada a las nebulosas

de cualquier pedazo de materia, el candor del sónico esputo insemina

un zapateo en la lengua mixturada, la cerilla que toca la vela, el fósforo

palpa la candela que este pulpo prende durante el viaje

y un baile transafricano en plena jeta: el zangbeto planetario que zumba

en el vestíbulo deshecho de tu fiesta patrística –hay un aerolito

detrás de la ventana

lento como perro anciano, y hay

un bólido, un can, un cánido

enredado en el pelo del viejo meteorito que rejuvenece

a medida que desciende en su parábola, en su pausado can-can

hasta estirar su lomo cubierto de barro

estelar, arco tenso o luz corva, voltaica

medialuna que ilumina

la faceta menos explorada del planeta

donde un barniz polimago transfigura en zumbido

en informe nacimiento

la teoría, la tontería

que cae vacilante de tus labios

ese cascote mal trago.

 

2.

cuando el que huye, exhumado casi, rapándose la mente

reptando frente a iglesias sutiles

encendidas como el faro de un rito antiguo

respirando el fardo que arde, el ritmo íntimo del fuego

con su pulmón de nitro

su único, rojizo, apenas ventoso

inflamable unicuerno escapando del timo, lentejuela

que se prende extática como el pataleo de un asno

en un grito rebuznado al timón

y se envuelve en chispazos, se consume

viviente rinocerilla en el corazón

selvático, salvífico migrante, en la sangría empinada del vate:

un iglú de siglos que palpita a mitad del esternón

y de a poco se derrite en el calor que crece y decrece

cuando el que huye como por un grifo

en un rapto silencioso descubre

que su exaltado latido zumbón

no es sino la inminencia interminable

de un desastre: el umbral de todo

lo que resta y ripia y mece

a punto de nunca

suceder, frente a la explosión

su chirle ceder.

 

3.

“(…) la onda que ayuda a adorar”

Henri Michaux

 

acá no hay nada

que perciba –o mejor

no hay nadie

que unifique –hay una oreja

una hora, un orar dispersos –pero

en este perorar sin orador

hay un ritmo que vincula

orquestación que a fin de cuentas

no precisa de director –ningún

Ibn Batuta que superhile la tela

de esta radiante Villa Langosta

que se despinza y transteje sola

ante los ojos de nadie –dónde

hincar el dintel de la puerca puerta

si no hay en esta cardhumeante zapada

ningún pez de presencia llena o perfil pleno

ni esencial –ninguna decencia o descendencia

plenipotenciaria, ninguna referencia

a la que adherir el molar

de moral su morral relleno, el adobo tantas veces destilado

como un veneno en la comisura del juez

su sonrisa sin risa –cuándo

estamos, a qué nos vamos, cuánto paseamos

en este tiempo sin peso, en esta simultánea

secuencia de roces, en el undísono escalofrío que nos despierta

la escucha en los poros –mientras estemos

en este drapeado Tundra, en la ola

celeste de algún Sun Ra, tornasolados

sin reverencia, adoremos.

 

 

Juan Salzano (Buenos Aires, 1980) Es poeta, perfórmata y Profesor de Filosofía (UBA.). En poesía publicó: Muletología (Tsé-Tsé, Bs. As., 2006); ¡Afrodictum! (La propia cartonera, Montevideo, 2010 / Allox, Bs. As., 2011 / Literal, Ciudad de México, 2015), Ameba Maga (Hekht, 2015), y en 2017 Hipercolibrí (Hekht) en la Colección Incandescencias. En ensayo: La experiencia nebular, Santiago de Chile, 2015 (en maquetación). Compiló y prologó: Nosotros, los brujos. Apuntes de arte, poesía y brujería (Santiago Arcos, Bs. As., 2008), y realizó la selección, traducción y prólogo de: Deleuze y la brujería (Las Cuarenta, Bs. As., 2009), con textos de Matt Lee y Mark Fisher.

 

Algo siempre sobrevive

Diego Roel foto

Diego Roel

 

El anillo del sol

 

No te adelantes.

Derriba el eje que te mantiene en equilibrio.

 

Párate aquí dentro, delante del círculo.

 

No te adelantes.

No abras, todavía, la boca:

busca el sonido que entre la palabra y el deseo

resplandece.

 

Hay que saber combinar materiales diversos.

Hay que hundir la lengua en esa zona

donde la Nada incuba el primer signo.

 

Un grano de arena sostiene el mundo.

 

 

Grieta del tiempo

 

Pero, ¿cómo vivíamos aquí,

en esta casa carcomida por el salitre de las olas,

en este suelo donde lo perdido

repite su nombre y se repliega?

 

¿Cómo podíamos vivir aquí?

 

Ahora sobre mi cara desova el tiempo:

mi vida se desgarra, pierde peso y consistencia.

 

El país es un animal que ya no encuentra su alimento.

 

¿Cómo podíamos vivir aquí?

 

 

Casi nada

 

En esta celda no hay puertas ni ventanas:

dormimos sobre esteras de aire.

 

Atados al umbral del sacrificio

hace cuarenta días yacemos.

 

Nosotros vemos lo blanco en lo negro.

 

Ojo oscuro, viento del sur:

¿qué mano nos sujeta y nos pierde?

 

 

Diego Roel, (Temperley, Bs.As. 1980) Publicó los libros Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación, Diario del insomnio, Cuaderno del desierto, Las variaciones del mundo, Los jardines del aire, Dice Jonás, Vía Lucis, Kyrios, y Las intemperies del mar. Los versos presentados pertenecen a su más reciente libro shibólet (Griselda García Editora, 2018).

 

Una articulación diversa

Felicitas Casillo foto

Felicitas Casillo

 

 

Pichi Leufú

Pichi Leufú significa
pequeño río.
Y en el sur zurce la estepa
amarilla
como un cordón azulino.

 

Jardinero

Cuando él volvía de quemar las hojas,
el humo le salía por los puños de la camisa
como antes había crecido
desde los nudos de las ramas.
Lo seguían sombras de agua en las paredes.
Suyo era el tiempo que pronuncian los ríos.

 

La trama de este hombre

La mañana oblicua inflama las butacas.
Afuera los trabajadores repiten
la diligencia y el ritmo
de todos los peones del mundo
en las estaciones de tren.
Descubro alguna similitud
entre los pestillos de esta formación
y el herramental de un gabinete de ciencia.

Abro un libro que cargo desde hace semanas.

Un anciano se sienta junto a mí.
Las mangas de percal le aprietan las muñecas.
Sacude las páginas de un diario gratutio
para enderezar el papel.
Se demora en los caballos.
Finalmente cierra el pliego
y guarda los anteojos contra el pecho.
Sobre el regazo descansa
la llagada carnadura de sus manos.

La trama de este hombre
no me deja leer.

 

Una articulación diversa

El sotobosque asciende hasta los pedreros de granito.
Algunas grandes rocas nos despeñamos hace tiempo.
Rodamos con estruendo y gloria por los cañadones.
Después mantuvimos tratos menudos:
bandurrias, chucaos, carpinteros.

Ahora de vez en cuando se distingue
sobre el rezongo de la cascada
una articulación diversa.
El eco disonante entre la bruma
de la voz única del principio.

Vienen de la planicie.
Parecen cachorros torpes y risueños.
Evitan los tábanos y señalan lagartijas
en los parches luminosos del camino.
Nos acarician al pasar y se alejan

Son de agua por dentro.
Contra sus palmas resuenan
los cauces del paraíso.

 

El gran enero  

Este jardín es una promesa.

El año que pasó toma cuerpo de titán
y aguanta el balcón de la memoria.
La arena volcánica abunda entre los pastos.
Huele todavía a las entrañas del mundo,
a pólvora o a sol, como todas las piedras.
La luz, en cambio, resulta compasiva.
Nimba los cuerpos contra las tardes de mariposas.
La presión del agua es mucha.
Los regadores giran como fábricas.
Su silbido apagado señala el crepúsculo.

Desde una silla, el mundo es de mi madre.

 

Felicitas Casillo (Bahía Blanca, 1986). Profesora e investigadora especializada en análisis del discurso y estudios sobre cultura. Publicó en poesía Puré de abejas (Vinciguerra 2010). En 2013 su poemario Las orillas obtuvo el tercer premio nacional de la Fundación Argentina para la poesía. En 2017 publicó El gran enero (Ediciones del Dock), del cual se extractaron los poemas aquí presentados.|