Ana Claudia Díaz

Ana Claudia Diaz foto

 

Cuentos de oscuridad de luz

Como un faro que da luz al ciprés silencioso
se ve esa torre gris
cuando al caer de la tarde le da el sol y alumbra
la ausencia
brilla en un hechizo, desde acá
la ambigüedad del ángulo de la mirada es el umbral
para entrar en esa grieta fina que deja ver
de un lado el castillo
del otro
la copa de los árboles en medio de un río de anguilas
resistiendo el abismo, turbio

furia
fuego fatuo que roza a las estrellas de nieve
y les derrite sus puntas más altas, sus cúpulas
desglosándose en el paso nocturno
de dragones y bestias
que agigantan las sombras de la inmensidad
sin hacer ruido, sembrando intriga

pánico
adentro el campo está lleno de lobos
con sus bocas gigantes tornasoladas
esperando que oscurezca para iniciar
el carnaval feroz
la danza

al amanecer
solo quedarán manzanas a los pies del pantano rojo
como veleta del agravio y del viento

la paradoja
cavernas de paja junto a la rivera
que con el primer rayo de luz se doran
de los bambúes brotan escorpiones de otoño
que se adentran en las hiedras y desaparecen
como pequeños escudos plateados
persiguiendo a los grillos de ayer

los niños corren en la mañana
llevan máscaras de girasoles y cañas
de plumas de cuervos con franjas de ágata
caleidoscopios para pausar la insolación
como si el mundo solo, se pudiera mirar desde ahí atrás

infancia
colmenas pobladas de caracoles y libélulas celestes
medusas de este tiempo
que se desmoronan entre la bruma fresca, reciente, del parque
y el pasto húmedo, es todo una vía láctea

Saturno
el gato de cristal que se iza en la puerta de la luna
es un páramo de hielo ante la percepción
un espejo tragaluz casi siniestro
un arlequín que se desoculta

el mediodía afónico asoma entre las cimas de los pinos
subir hasta lo alto
es la lógica para calmar el ánima perturbada
que se ve distorsionada en los vidrios empañados
la tarantulita que descansa en el cantero
es el arco de una almendra

la tempestad
su voz malabarista
es un molino de opio que galopa
destellando meteoros
se vuelve un ópalo de fuego
un volcán nocturno y les amapola los huesos
retoña
vuelve a echar vástagos de lo que había dejado de ser
para empezar de nuevo

como un faro que da luz al ciprés silencioso
se ve esa torre gris

 

Deshielo

 

Sobre el contorno del destino
las cosas brotan

diciendo nada
vacía la playa

la verdad se lleva en silencio
se carga a cuestas, se arrastra

el invierno paraliza sus días
los congela con la intensidad
de la escarcha al costado

pequeñas sombras de cristal
que se deshacen con el sol

todo es cauce
el hielo se derrite
ahora es un río finito de agua
que desemboca en la casa

una cima al revés, una bajada
fulgencia en pendiente brillante
resplandeciente

perpetua realidad que espera
a que el calor cerrado del verano
como una ceremonia o como un juego
sea el último límite

así, desencadenado el mundo
forma brisa sobre alguna parte de lo real, sobra

la tempestad es todo aquello
que enceguece la vista y la vuelve un torbellino
una criatura tratando de sacar la cabeza del agua
para respirar en medio de una fuente.

 

 

de Una cartografía de la insolación (Club Hem Editores, 2015)

 

Ana Claudia Díaz (Santa Teresita, 1983). Publicó Limbo (Pájarosló Editora, 2010 – La One Hit Wonder Cartonera, 2012), Conspiración de perlas que trasmigran (Zindo & Gafuri, 2013) y Una cartografía de la insolación (Club Hem, 2015); las plaquetas Vuelto Vudú (Pájarosló, 2009), La ecología de las poblaciones (Pájarosló, 2010) y Al antojo de las anémonas (Color Pastel, 2011). Participó en las antologías Pájaros en la frente (Pajárosló, 2011), La Juntada (APOA, 2012), Canciones (Ediciones presente, 2013), Re-Invención (Proyecto Madonna, 2013), Estaciones (La Parte Maldita, 2013), Poesía Deliberada (Textos Intrusos, 2013) y Poesía de hoy y de siempre (Eloisa cartonera, 2014).

www.anaclaudiadiaz.blogspot.com

Diario de un bebedor de petróleo

Diario de un bebedor de petróleo foto tapa libro

EN CRUDO

sobre Diario de un bebedor de petróleo. Juan José Mendoza (Ediciones Vox, 2015)

Cuenta Juan José Mendoza que en los años ´80 su padre lo llevó a conocer en un Fiat 1500 las viejas estaciones de servicio – esas que raramente hoy pueden verse, como antiguos esqueletos al borde de las rutas-  y que de sus letreros aprendió las primeras palabras: Shell, Esso e YPF. Esa experiencia parece haber sido la chispa que mucho tiempo después combustionó los versos de este libro, alejado de cualquier anecdotario. El bebedor de petróleo -que es también el petróleo mismo- prueba el “sabor sin par” de los hidrocarburos, y comienza su viaje hacia el fin de la noche, como si fuese un trip de mezcal que enlaza plataformas petroleras, commodities del crudo, valencias químicas y eructos que provienen desde lo más profundo del tiempo de la tierra, en una danza alucinada de palabras. El libro hace explotar cualquier parámetro genérico –restos de una libreta, registro autobiográfco, inventarios de nombres de diversas materias- y pone a dialogar motivos y obsesiones que se retoman en el avance lento, de fluido pesado de las entradas de un supuesto diario –Noche Uno, Noche Uno (un poco más tarde), Noche Dos– en un juego que bebe tanto de la poesía concreta como del neobarroso de estas costas (“saboreo el hule y huelo el hueso / quemo y quemo”). Poemas que parecen hechos con pedazos, esquirlas de palabras, y que son como pruebas o recombinaciones donde nunca se llega a la versión definitiva, donde por el contrario, se despliega el tanteo que construye un avance inacabado.  Pero lo que subyace es la pregunta por la forma, o mejor, sobre cómo decir aquello que no puede fijarse, que está siempre mutando hacia otra cosa, deriva de procesos donde la identidad es arrastrada e incluso combustiona, se evapora. La forma del petróleo, del que bebe de sí, es la forma que busca y construye el poema. La serie puede leerse también como una épica  donde a través de onomatopeyas (“la onomatopeya es la casa del ser”), cacofonías y cadenas rítmicas, se narra un proceso histórico, “la larga doctrina del alquitrán”: el petróleo es la sangre de la tierra, el fluido que todo lo mueve, aquel que con la sola variación su precio puede provocar guerras, movilizar personas, hacer salir la sangre “por las venas”- o las mangueras- “pinchadas de la historia”. O ser una canción, como si el canto pospusiera la muerte (la detención) inevitable, una anti-invocación en la que se repite: “voy a cantarte/ pero por favor/ no vengas”.

Acompaña al libro un CD con registros sonoros de Alan Curtis (músico, compositor y miembro fundador del grupo Reynols) y voces del mismo Mendoza, que son un viaje en sí, y que se complementan con el magma que en el andarivel verbal construyen los poemas.

mario nosotti (los inrockuptibles / octubre 2015)