DARÍO ROJO

dario rojo

Campaña al desierto

En la línea horizontal que limita los espacios
un ñandú que no es instrumento del hambre
pasa corriendo sin interferir en el paisaje,
en su mente es el único ñandú.
Es el único ñandú.
En su mente no hay nada de mayor riqueza.
El futuro no tendrá mayor riqueza.
Así camina, con el cuerpo tensado en un dolor
que no lo ve,
que no se detiene en los campos humedecidos.

Lejos de ahí.

Tumbado en el mangrullo
como en la catrera, oculto
entre pilas de superman y paturuzú
empaña con el brillo oscuro del mate
el horizonte. Las vigas del mangrullo
no se afirman ni a lo ancho ni a lo alto
y como en una estación orbital
que recorre la tierra, ve
en cada porción del terreno un dibujo imaginario.
Fija la mirada en un punto fijo:
un péndulo de brillo argentino.

………………………………………

6

Yo no aprendí a bailar
por no recular,
mi padre tuvo una ginebra
entre las manos
mi abuelo durmió la siesta
¿Goyena en dónde vas a dormir
la siesta?
¿Hay árboles en la pampa?
¿Hay algo en este mundo liso
para que Goyena y Querejeta
se diviertan?
Ni chimango ni lumbrí
que aterriza que despega
de sobrepique sobrevivo
en la frescura de la sombra
de un calor insoportable.

7

No hay un árbol en toda la pampa
no hay un ombú en toda la pampa,
ni en Catriló, ni en Castex
ni en Acha hay un solo ombú,
hay viento sobre la tierra
ciervos invadiendo los campos.

8

Acá nunca existirá nada
que pueda detener este calor,
podrán ver tranqueras
fortines hasta el cielo
pero el sol caerá como bolsas,
la intensidad de la luz
en los huesos no deja ver
otra cosa que el sopor necesario
para avanzar con la conciencia
exacta
del acto que se ejecuta,
como si al caminar
reclamara una voz
que dijera ¡Huija canejo!




De Una explicación para todo (poemas reunidos de Darío Rojo, Ediciones Gog y Magog 2009)

Darío Rojo (1964, Castex, La Pampa) Escritor y docente, formó parte de la revista 18 Whiskys, editor de Selecciones de Amadeo Mandarino. Entre sus libros de poemas se cuentan Jimmy y el Gasolinero (1993), Campaña al desierto (Del Diego, 1993),Una explicación para todo (1999),Una civilización (2001), Inmóvil en su afán (2001) y Emblemata (Amadeo Mandarino, 2008).

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ALBERTO MUÑOZ

Alberto Muñoz

Un sábalo en el Central Park de Olavarría

Fueron los sábalos
los que armaron el desastre
en el circo panameño de Olavarría.
Habían previsto la agonía
desde el paseo del hombre sándwich
anunciando un acto de magia sobre aguas danzantes.

Aquella noche de escarpada
hubo rebelión.
Años de sometimiento, de trabajo forzado en esas aguas
de anilina.
Reivindicación para aquéllos que no eligieron la tierra.

Corrió sangre
y escaparon,
desovando en primavera.



La moneda sagrada

Reconozco a dios bajando del Paraná en Limay,
cargado de surubíes, remando sobre
la misa del río.
Pasa frente a mi nueva casa y lo saludo.

Septiembre es un mes donde la madera
se abre en celo hinchándose de verde y de pájaros,
lo necesario del hombre dobla al hombre
en arcilla, en clavo de olor y nuez.

Reconozco a dios en ese perro negro que el
destino alejó de mi sombrero,
el monte alguna vez le morderá la calavera
como a mí y sabremos estar de fiesta
como en otro septiembre,
con tortas y líquenes en la pascua dividida.

Aquí el silencio no hace daño
y aunque siempre es preferible hundir
el rostro en una tierra de mujer,
yo me quedo solo,
al rayo del carbón, armando mis cigarros
y mirando cómo se va la tarde
por un agujero irrepetible.

Reconozco a dios colgando de la noche,
un alquitrán no es menos sabio, una
herramienta, un número.

Cómo harán los marineros para no guardar
el habla bajo el río, siempre tan distantes
y cerrados, oliendo a grado inmaterial
de la memoria.
Yo recurro a ellos sin molestar
y pregunto por esa moneda que la
poesía tira al infinito. Oh, sí,
reconozco a dios en la moneda
antes de caer, antes de ser cierta.



De algunos detalles para reconocer a los verdugos

No creen en los puentes.
No soportan nada derivado del círculo.
No aprenden el número tres.
Disponen de loros que roban el lenguaje.
Son insensibles a la música y no perciben tres colores de la
gama tonal.
Tienen una vena de más.
Se llaman a sí mismos y no acuden.
No soportan la última hora ni la primera.
No aspiran a ser hombres sino animales superiores.
Piensan que un filo separa lo infinito de lo finito.
Tienen un solo sueño recurrente que escriben en un libro
colectivo oculto en campo de maniobras.
Tienen dos sombras.



Sordos y ciegos

Abuela te estás quedando sorda.
Estás mucho más sorda que el año
pasado. El año pasado te pude
decir que le cagaste la vida a mamá
pero vos llegaste a escuchar solamente
“la vida a mamá” y contestaste:
“Sí, me sacrifiqué”.
Este año te volví a decir lo mismo
pero tu oído más deteriorado que el
del año pasado registró solamente
“a mamá” y contestaste desde tu paraíso de tapia:
“…cuidarla, como yo cuidé a la tuya”.
Ahora abuela te estoy gritando.
No está pasando un tren soy yo el que ruge
tu nieto de molicie tu maldito perro inacabable.
Tengo la boca abrochada a tu oreja
te grito como si cayera de un piso veinte
te estoy gritando frente a mamá
que no puede ver lo que hago.



De La luz contra el centeno (antología de la poesía de Alberto Muñoz , Ediciones Continente 2013)



Alberto Muñoz nació en Buenos Aires el 19 de febrero de 1951. Es psicólogo, poeta, músico, dramaturgo y guionista. Editó los libros Floresta-poemas (1979), La compañía mágica del circo (1980), Almagrosa (1981, 2ª ed. 1990), Acordeón a piano (1984), Terra balestra (1985), Dos épicas (con Eduardo Mileo) (1987), Tratado de verdugos (1989), Misa negra (con Eduardo Mileo) (1992), También los jabalíes enloquecen (1998), El deseo en El Pavo Real (2000) y Camiones (Ediciones en Danza, 2001), Venecia negra (con Javier Cófreces, Ediciones en Danza, 2003), Trenes (Ediciones en Danza, 2004), Canción de amor vegetal (con Javier Cófreces, Ediciones en Danza, 2006) y Pianoforte (tratado ecléctico sobre el arte musical (Ediciones en Danza, 2006). Formó parte de M.I.A. (Músicos Independientes Asociados). Como solista editó los siguientes trabajos musicales: El gran pez americano (1987), Lo que sale una trompeta (radioteatro, 1989), Misa negra (1991), Los últimos días de Johnny Weismüller (1996) entre otros. En teatro musical: La compañía mágica del circo (con Lito Vitale) (1980), La mujer sin cabeza (con Luis Trochón) (Montevideo, 1996), ¡Kapelusz! (1997), Abel cazador de Caín (1998), Academia de baile Orestes (1998), Ten, los diez mandamientos (con Diego Villa) (2000), El deseo en El Pavo Real (2001). También es guionista de TV.

La casa de la Playa (poema en obra)

Casa de la playa

…..

ahora finalmente me encamino
verano de estaciones superpuestas
el micro se detiene
una calle de arena que se clava en la ruta
me lleva hacia la casa de la playa

…..

Todo lo que bajaba con la palabra ADÁN me pertenece
Como el primer paseo del hombre por un bosque
En la primera noche de verano. Mira el cielo estrellado
El vidrio roto. Piensa: cómo se fue mezclando el uno con el todo

Me tomo el té callado. Como la vez primera que hombre toma
Té. Una nubes deshechas avanzan diligentes se enganchan
En las ramas los techos puntiagudos llenando de humedades
y musgo transparente este símil edén. Las copas de los árboles
Se alzan y están alzadas. Como queriendo abrirse a luces adivinas.
Las casas. Su luz atravesando las hojas de las ramas.
Cada una es la primera casa que desciende de la palabra Adán.

Por momentos. Cuando la oscuridad me apaña por lo bajo.
Entonces en el cielo se clarifica todo. Una explosión de esquirlas
Que titilan heladas. Me veo en las ojotas que siguen sin orgullo
Por la calle de arena. Son las ojotas viejas de alguien nuevo
-me digo. Acaban de salir a la existencia por el mismo agujero
donde sale todo. Todavía no hay bosque pueblo costero nada
por ningún lado siquiera parecido a un pedestal.

…………………………………..

En la mañana abierta tras los abedules
El sol como un pimiento que expande su picante

Ese ardor para mí que salgo de las sombras
Ramas peladas y humo. Son del invierno.

Estallido de gritos que brotan de gargantas emplumadas
Emplumadas y tibias – de menos de un centímetro de diámetro-
para partir en gajos la floresta.

Esa estridencia quiero para mí. Ese vidrio molido
Sólo para soltarlo a lo que viene ( en el augurio?).

Entra por la persiana una luminiscencia que se estira hasta tocar
la hoja. Bienvenida le digo a este paraje helado.

Todo el afuera arrastra en sus partículas un río alcoholizado
con restos de futuras erupciones de rocío y semillas.

Me siento un esquimal que espera con el arpón clavado en esta superficie inmaculada

Esa coma de sol aprovecho. Y la lluvia enconada que baja desde siglos
Sólo para entibiarme. Así puedo esperar. Mantenerme con vida.

Espiar sin perecer y seguir acechando los signos de otra vida
Que se mueve debajo de lo opaco que todo lo sostiene.

……………………………………………………………………………………….
Octubre

Escribo acá
en el lujo espacial frente al estanque
perplejo y aliviado
con la alfombra de insectos transparentes
que esta mañana flotan en el agua y que hasta ayer
volaban. Son millones de alas
como los del poema Los Chayules en el lago
azul de Nicaragua. Los que están en el suelo
las brisa los ha ido amontonando
en un pequeño cerro quejumbroso
listo para barrer. Es Octubre
y lo que ya tendría que llegar
no llega. Se cuaja la distancia
entre lo que amenaza y el poder
de esgrimirlo.
Uno no está impedido de vivir.
Justo antes de salir a preguntarle
al que todo lo sabe
oyendo la dureza de los ciclos
supe encontrar mi fe.

………………………………………………….

Mañana enormemente predispuesta
En los toldos se embolsa un aire vegetal que después venden
En latitas cerradas al vacío. Aire de mar pasado
Por el cedazo de filtros subterráneos.
El sol llega silbando su ansia de minerales.
La estadía promete. Algo me dice estás
Enteramente acá y éste es el día.
Pero sé que esta luz del otoño es la misma en la casa de la playa
Instantes separados 400 kilómetros -aunque no te dé tiempo
a pronunciar recorre- a la velocidad de la luz y del sonido
Que llega confundiendo latidos y estaciones.

Para salir temprano alguien arma la vianda,
Otro envuelve en la lona sus juguetes livianos
El sostén de la casa –que bambolea el viento-
Lleva las pertenencias más pesadas

Llegar un poco antes que la playa se llene de fritangas
De colores y de gritos: es la meta y el requerimiento.
Pero algo te interrumpe
Estás lejos ahora de aquéllas excursiones
Y la certeza extraña de dicha lejanía
Te permite ensoñar recién ahora una felicidad
Que creíste para siempre embargada.

Antes que el mar sostenga entre sus labios el perfecto bullicio
Dejando los azules territorios totalmente ignorados
Así se prometía cada día ese verano. Exactamente igual.
Distinto en esa réplica variable de lo que a cada instante
Está por empezar.

………………………………….

Febrero

En ese movimiento perceptivo
donde se arrima un pájaro playero
es una joven madre lo que se destaca

en su cuerpo se advierte la belleza partida
y el tumulto de goces y fastidios
que alumbraron su pequeño dios

bajo el toallón azul tiembla el cuerpo deseable
curvas para tomar acelerando
sosteniendo el volante con firmeza y tensión

todo se ha oscurecido
en torno a su figura breve
y a la mucho más breve que le toma la mano
todo se ha oscurecido
como una multitud

estará sola pienso? alguien se atreverá?

el bicho volador de pronto
rompe con mi egoísmo
el presente me tira de la mano
rompe el flojo espejismo de querer a las mil

-me acompañas al mar dice mi hija

su voz llega hasta mi desde el futuro
me hecha en cara la arena de sus ojos burlones

me vuelve agradecido a ese desierto
de ruidos y colores sordos pero perfectos.

MI LIBRO ENTERRADO Mauro Libertella Mansalva (2013)

Mi libro enterrado Mauro Libertella

El gen literario

Por Mario Nosotti

La muerte de un padre no solo es el momento del ajuste de cuentas o de la redención, es quizás, llegada cierta edad, una oportunidad única para constituir el propio territorio. Siempre será mi padre, se podría decir, pero a partir de ahora, yo dejo de ser hijo. Aquí nos separamos. Su muerte es como el último empujón.
Pero, ¿cómo lidiar con un legado, cómo constituirse a partir de un sustrato que mezcla prescripciones, dotes, y lo que nunca hubo, lo que ya nunca habrá? Mi libro enterrado, el debut literario de Mauro Libertella, se interna en esa tierra ambigua, a ratos dolorosa, abierta a epifanías que son la transfiguración de ese dolor.
El caso es el de un padre que es a la vez un escritor de culto –Héctor Libertella, fallecido en 2006- cuya obra gravita en el canon excéntrico de nuestras letras, y el hijo que creció a la sombra del árbol de su literatura, y que en algún momento se propone escribir.
En la página diecinueve Mauro cita un párrafo de La arquitectura del fantasma, novela autobiográfica de Héctor editada poco después de su muerte. El gesto no es menor: en su primer libro – también autobiográfico- el hijo da cabida a la escritura del padre, y selecciona un párrafo donde este justamente habla de sus inicios como escritor. Este juego de cajas chinas, de imbricación de una escritura en otra – como las fotos del padre en las que el hijo se busca- son el juego mediante el cual se construye el escritor. Apropiarse de un nombre y una herencia, también como una forma de neutralizarlos. “Desde su muerte, entonces, el apellido Libertella vuelve a cero. Yo tendré que encontrar el modo de inventarle un nuevo origen, un relato”.
El libro comienza la tarde en que Héctor Libertella muere en el departamento al que hacía unos años se había retirado a escribir. El enigma de aquélla reclusión, de su alcoholismo, la elección más o menos consciente de dejarse morir quedan intactas. El narrador no pide explicaciones. Separación, mudanzas, el paso por Alcohólicos Anónimos, el deterioro físico, las visitas del hijo al hospital y luego al departamento son incisos del veloz –o lento, según cómo se mire- camino hacia el final. Dentro de esa debacle que va eclipsando todo, hay idas y venidas a tiempos más felices, buscados con ahínco por el hijo: las charlas con su padre “signadas por el humor y los juegos retóricos”, la lectura de un cuento de Borges que sella el vínculo de ambos con la literatura, entre otros.
Desde el arranque, lo que resalta en la escritura de Mauro Libertella es su claridad y su precisión sintáctica; eso, y el tratamiento sobrio, contenido, de un material de alto voltaje emocional. Un libro valiente, donde la pose irónica o maldita –tan bien pagadas en la literatura- quedan a un lado para exhibir esa desolación y esa belleza que tan solo a partir ciertas experiencias y de mucho talento pueden volverse literatura.

En Los Inrockuptibles (Septiembre 2013)