Germán Arens

Aresn tapa

 

Ayer, después de muchos años volví al pueblo.
Las casas conocidas están deterioradas.
En la ruta, como todo lo que queda expuesto,
había notado el abandono de las estaciones
de servicio de Gaviotas y Algarrobo.
Así pasé el día buscándome en lugares que no existen,
o quizás existan como la historia,
debajo de los lugares que ocupa el presente.
Entrada la tarde pasé por el puente viejo
y me reconocí en un chico que pescaba en el lugar
donde van a parar los apósitos del hospital.

*

Yo llegaba y la perra se reía.
La perra era mi perra como era mío el pueblo,
mi casa, mis amigos y familia.
Un día todo empezó a irse y un día me fui yo.
Cuando desperté estaba rodeado de camas.
Miré por una ventana y las flores amarillas eran tantas
que si no hubiera sabido que eran flores
les habría dicho sol.

*

Desde las bardas
la quietud es la misma de siempre.

*

Todo estaba en mi cabeza.
El pueblo podría ser otro pueblo,
Un desplazamiento de partículas hacia adelante.
Mañana buscaré a mi perra.
Si no hay huesos habrá un rulemán.

*

La copa del árbol que fuera parduzca
es ahora rosa como los lechones.

 

 

De ¡Oh , qué lugar más bello! (Barnacle, 2017)

 

Mercedes Roffé

mercedes-roffe

6 de mayo
PERO


desde una escena sin fondo
hoy alguien dijo pero
y todo se detuvo

tal vez no hoy tal vez
sino tal vez alguna vez sin fondo

pero

hoy revivió

después…
después se derrumbaba
todo adentro   y fuera

sobre uno

en esa forma de naufragio
tan propia de los sueños

un pero

un vórtice

un aullido

mudo

una debacle

un deshacerse

dicen
que pero en checo es pluma
y pluma

y  pluma
en serbo croata
y pluma,
autor y escriba
espiga y plectro

así como que ondula
o vuela

pero hoy
en esa escena sin fondo
el pero era un solo pero

un no
una forma de no

de doblegar

de hundirse

de DIARIO ÍNFIMO (Ediciones de La Isla de Siltolá, 2016)

MERCEDES ROFFÉ es una de las voces de mayor reconocimiento de la poesía argentina actual.Sus libros han sido publicados en España y distintos países de Latinoamérica y, en traducción, en Italia, Quebec, Rumanía e Inglaterra. Desde 1998 dirige el sello Ediciones Pen Press. Entre otras distinciones, obtuvo las becas John Simon Guggenheim (2001) y Civitella Ranieri (2012). Desde 1995 vive en Nueva York.

NAKHLAH KHAN

nakh-foto



ZOOOR

…………………….que restalle la luz del avanzador mercurial
la ampolla de la que liba mi jeringa islandesa:
“humanidad-no-existe”
y así el inframar gesticula y hace signos
nada hacia la escollera más fiel a su mariposa
a su mar-adiaga / o su es mar bailey
que se viel-amolina acá:
“sé el desántropo”, sigue el émbolo,
mientras unos trabajan y otros abarajan
a los cinco nos piache el naranja del pesquero rompe-perfiles
destruyendo —en sus componendas— el eje de cualquier reflejo
de cara a unos deshechos de lágrimas que vienen de risa-llanto-frío
traspiraciones en el aullido de la pesca.

Sufre o trina el élan: no se queda en un sofá para risitas
surca el fiel sin balanza que referencie
volvélo funámbulo entre dos hilos de lluvia
en su jeringa de colibrimas —espejo hecho trizas—
al fin lítico o rupestre
en lo acuático te elevás gris
gris.

Es el signo de la plata que se va depurando de familias
un escozor por licuar al aire amoroso de flato al escampe
que no devuelve a las postas de los ladrillos.
“Bancáte la quilla, no estás solo,
no soy teléfono,
no llames cazafantasmas,
tampoco falto de acompañantes
jamás un ausente
con la presencia que sigue el bies a la transparencia:
no envejece de imágenes.”

“Nos vamos a morir”, murmuran los fantasmas,
pero no “nosotros”, decimos al unísono,
sino lo que trajimos hasta aquí:
nos lo hechizó otra herencia en Isla de los Estados.
Pero probamos un vivir que es de don inútil
donde la historia se hace de su banda oscura
y su positivización viene de una asociación sin fin
con direcciones-de-geni que abren su cono de silencio:
lo insilban y lo trans-hilvan para que viajemos en él.
¿Será hilván de trans nuestro dios del anteLibro?
Cuando apenas si queríamos arriesgar iiiiiiiiiiiii
como acople o assemblage
con fe de muchismos en sus timbraciones.

Lobo marino o de tierra
del sin marinero mar
sin gaviotas ni bañistas ni olas o lonas
apenas el mar que te hace filo hasta cortar.
¿Será el filo o la cornisa
o la barra abstracta?
La noche agarra en pleno día y el día en la trasnoche
y la rana que desde ayer mastico sabe a rancio
pero nadie balbuye que de su humedad verdigris
se escancia el ouvert de tu entrelabio:
la potencia vigía de la que ahora te sostenés,
maríííííííííííííaaaah.

“Tengo una sola noticia en lo que va del viaje:
el mar no es verdad
sino su grisperla aguantada
y lo que ahí late —mezcla total
es una vulva de intragemas
que palpita en tu protoplasma actual.”
Esa sí que sabe con quién, hacia qué eso.
Como el ave politeñida de grisurias
se suspende aleteando su mezcla para el helicor.
Con las chaquetas también nubladas
caminamos por el agua hidrocándida —en pleno invierno—
en las células de cada cosa que son limpiadas
por un frío boscoso que atrae el calor que nos percutiría:
¿otro desierto?

De camino a esa fruta solariega
no vuelvo menos objetivista ni más artificial
sino tarascón y una tarasca occitana
anteponiendo el morder al hablar, la masticación a la opinodermia:
es canción sumergida en sus afueras
más tu piel tatuada por el oleaje “todavía”,
cinturón de fuerzas, ajustado a un talle ni universal ni ciñesiluetas
que nos tueste ahí donde estemos al molinema
y montar escorados
¿o acaso el equilibrio era apolíneo?
Más bien pende de la marea y de la arena
y del declive y sus sierpes
probación de la calidad de tu osamenta.

Hay un salvajismo no romano-dependiente ni romántico
un artificio preformal que es antifaz auténtico
y piedra que no da la cara al book narcizúcar:
una T que tacha, dándote a ver(so).
Es la gruta del ogro que habita en su joroba del monte peludo.
Tiene un corazón más liviano que el aire
que entre humanos pesa por la traba sentimental
esa compartida concesión hecha al comercio de emoticones
una vez acabadas las guerras médicas de juvencia.
Por lo de más, gesticular cual pulmonautas;
por lo de menos: acaudalados en serenidades a fibras;
por entre medio, una clase disuelta a fuego lento
en socius segmentarios de traductores
(vía cardíaca)……………………………………………..



NAKHLAH KHAN
..2001 – Ovnipersia   (tsé=tsé)
..2003 – Umbanda Jackson   (Eloísa Cartonera)
..2008 – Boingo-Bong   (tsé=tsé)  +  Breve Diccionario de brujería portátil  (en Nosotros, los brujos, Santiago Arcos Editor).
..2011 – Zoor-B  (Felicita Cartonera).
..2012 – Informalescencias con ethos al barroco  (en Poemas Completos de Néstor Perlongher, Editorial La Flauta Mágica).
..2013 – Perfórmatas “X” Alógenos, AAVV (Allox)  +  Indios del Espíritu, muestra de poetas del cono sur, Editorial La Flauta Mágica, por Roberto Echavarren.
..2015 – Los documentos de la Escuela Nocturna   (Hekht)
..2016 – El Desconocido Ondulante (en The Enigmatic Absolute: Heresy, Gnosis and Speculation in Continental Philosophy of Religion, Joshua Ramey y Matthew Harr Farris, London – New York).
..desde 1997 en adelante, co.laboración en las revistas: tsé = tsé, nunca nunca quisiera irme a casa, Ramona, Ombligo 23 –códex molecular– y Plebella.
..del 2002 (MALBA) al 2014 (MAMBA) = jeringación del colectivo perfórmata Frente Dionisíaco Pira.
..desde el 2002 hasta el presente = co-creación recurrente de la Estación Orbital Alógena y de sus experimentos docentes Escuela Cuaternaria Inter-Reinos y Colegio de la Aventura Anterior, co-partícipe del colectivo LSD (Laboratorio Sintético Deleuziano), flecha de la irradiación hermeto-brujo-rizomática desde entonces.
http://www.estacionalogena.com.ar/
http://estacionalogena.blogspot.com.ar/
..del 2012 hasta hoy = Casa Athanaton Soma y Colegio Esmeraldino.
..2016: El Rayo Rosa, sello interno y externo a la editorial Allox.
denakmarnakhabra@gmail.com

Diego Colomba

Diego Colomba foto

 

Confusión

 

A poco de andar por un camino que zizaguea entre
villorrios y caseríos en ruinas

el conductor de nuestro coche de alquiler pierde la
poca paciencia que le queda.

No culpo a ese hombre de espaldas flacas: si los lazos
afectivos no me unieran a la persona que viaja a mi lado

tampoco tendría reparos en pedirle (por el bien de
todos) que se calle

pero no es justamente el caso y poco me importa lo
que piense un extraño al volante

que ha cobrado el doble de la tarifa habitual aprovechando
nuestra urgencia.

Aunque entienda que no tiene porqué mostrarse
comprensivo con un hombre de voz acatarrada

que no ha dejado de anunciar una sola curva advertido
por los carteles de la banquina

como si estuviéramos por precipitarnos en la pendiente
más pronunciada de una montaña rusa

le pido que se limite a hacer el trabajo por el que está
sentado allí adelante.

Papá entiende que sus hijos se ocupan ahora de las
vicisitudes del camino

y se olvida por un rato de las señales de tránsito: con la
cabeza volcada hacia atrás mira a través del parabrisas

un cielo que se ha poblado de raras y hermosas nubes
que lo sumen en una especie de místico arrobo.

Si duda el efecto del alcohol y las pastillas que apuró
antes del viaje acuciado por la idea de despedirse para
siempre de su padre

un tema caro en él (a un padre no se lo elige, sic) nos consta

ha incidido en la factura poética de las imágenes que
papá recoge de un camino anodino.

Es verdad que nos resulta un poco cómico su evidente
estado de gracia y largamos de vez en cuando alguna
que otra risotada

pero tanto mi hermana como yo consideramos que
ahora se esta pasando francamente de la raya

obligándonos a bajar del coche que aguarda con el
motor encendido

cuando sale del baño de la estación de servicio y
camina con el paso apurado

como un niño que sabe que está haciendo una nueva
travesura

hacia el verde sucio del trigal que se levanta detrás del
parque de camiones

y mi hermana le pide a gritos que regrese

mientras un súbito viento caluroso desparrama tierra y
pájaros negros sobre nosotros.

 

 

Diego Colomba, El largo aliento (Alción editora, 2016)

Francisco Garamona

Garamona FOTO

 

Un gabinete móvil

 

El colectivo avanza por la ruta
iluminando todo lo negro del camino,
árboles ladeados que crecen
con sus troncos negros,
las palmeras que el viento agita
con un ritmo tropical.
Voy por las rutas de la provincia de Corrientes
y viajo para Entre Ríos, el lugar donde nacieron
tantos poetas queridos, como Juanele,
Mastronardi, El Zela y Daniel Durand.
Quiero decirle algo a la chica que viaja a mi lado
pero me callo, miro por las ventanillas
el paisaje negro, lleno de vegetación
y escucho el grito de un mono
que me da su adiós.
Si bien ciertas cuestiones
que ahora sería tedioso enumerar
precipitaron este viaje,
no tengo resentimiento, ni odio, y sí gratitud:
adivino tras la línea de unos primeros ranchos
a unos gauchos que se cuentan historias
increíbles alrededor de los restos de un asado.
Veo una placa de insectos sucesivos
aplastados contra los vidrios, a una
mariposa negra con dos calaveras en las alas
y una minúscula cabeza de ojos muertos.
Un enano de anteojos espejados camina por el pasillo
con un paquete de papas fritas bajo el brazo,
pega un salto para llegar hasta su asiento
y después se pone a comer las papas ruidosamente
mientras lee un diario deportivo.
Pasamos por una estación de servicio,
hay putas paradas en la ruta
que hacen señas a los autos.
Veo palos borrachos, el cartel de una gomería,
y el salón de un comedor con miles de bichos
que revolotean alrededor de los tubos fluorescentes.
Naranja, verde, amarillo, azul, plateado:
los colores que se recortan
contra lo negro del aire.
Arriba está la luna
cabeceando hasta el amanecer
como los mendigos que deambulan por la noche,
esperando el día para poder dormir,
y cuidándose del ataque
de otros mendigos más violentos
que los roban o directamente se los cogen.
La noche es una sanción para todos.
La chica que va sentada a mi lado se durmió
y yo al ver cómo movía los párpados
empecé a imaginar lo que estaría soñando.
Va a Santa Fe para ver a su padre
que está internado y bastante mal.
Me contó que viene bajando desde el norte de Brasil
y como no le alcanza la plata para un avión
todavía tiene un largo trecho por delante.
Yo que viajo por aburrimiento me siento un poco frívolo
y no quiero preguntarle nada. Pienso en su padre,
en el mío y en los de mis amigos
y me acuerdo de Fabián y de su hermana que
tenían un padre muy anciano
que cuidaba una gran casa de campo
donde había un molino al que Fabián
le tiraba en las aspas con un rifle de aire comprimido.
Los padres eran como máquinas que salían
de adentro de un granero cubiertas de paja
que no se sabía bien que utilidad tenían;
o como esa locomotora de fuselaje negro
que divisé desde la ruta mientras se alejaba
por una curva de la vías para aparecer
más adelante bajo los tinglados de un galpón
con su única luz parpadeante,
que hacía signos. Los padres eran
iguales a esos obreros que intentaban desmontar
El gran vidrio de Duchamp bañado en lágrimas
mientras se internaban en el misterio.
Pero, ¿existían los padres para nosotros,
esa noche? ¿El enano que un rato antes trituraba
con sus mandíbulas puñados de papas fritas
tendría hijos? Yo pensaba que sí.
Y mientras lo observaba íbamos pasando
por los primeros palmares cubiertos de yaguaretés,
muy cerca del aura rosada del Paraguay
formando una cadena que se hundía
entre las fuerzas de la “i” final del agua
para llegar al nacimiento de otros ríos.
Había una tumba entre las hojas,
con una cruz de palo atada con alambre.
Pude verla un segundo y después la olvidé.
Todo viaje es siempre hacia el pasado.
Lo saben los murciélagos que vuelan contra el viento
haciendo chasquear sus alas.
Me duermo mirando la luz de las estrellas,
cada una tan cerca de la otra que parecen
las casas de una provincia vistas desde un helicóptero.
En Entre Ríos me esperaban mis amigos
con sus novias y me habían prometido
encontrar una chica para mí.
Eran todos soldados de la nueva poesía.
Y después de que cerraran los últimos bares
iríamos andando por las calles vacías
hasta el río cruzando el Parque Urquiza
y al nadar miraríamos el cielo
para ver crecer los pinos de la luna.

de Neón sobre las nubes (Universidad Nacional del Litoral, 2012)

Facundo D’Onofrio

Facundo D onofrio FOTO

 

1

Toda
la civilización
en mi cuarto.
Extinta.
Hubiera sido otro el futuro.
Sí.
No.
No lo sé.

En la selva
no hay hombres
que resistan la furia.

Hubiera seguido el oficio mudo
de decir mucho
para decir así
todas las palabras.

 

5

Nunca pensé que el frío
diera tanta dicha.
Un abrazo de invierno puede más
que todo el verano.
El calor es un misterio entre dos personas.

Las plantas no pueden mentir
ni decir la sombra
sin embargo nosotros
no sabemos lo que ocurre
entre ellas y el mundo.

Pienso en cómo se ablanda
un corazón congelado.
Es como robarle un suceso
al pasado y darle
un sentido que no existe.

 

24

Ya no es mi cama
la cama en que leía
los primeros versos.
Ni son mis primas
las primas con quienes jugaba
en la vereda de enfrente
hasta que el sol dormía.
Ya no son horas
las horas de la madrugada
para mirar cine de I-sat trasnoche
ni siquiera el verano
es el verano de los partidos de fútbol.

Me pregunto desde esta cama
que no es mi cama
si aún va y viene aquel colectivo
que yo tomaba para ir a verla
sin siquiera saber si la encontraría

o si aún dormimos bajo el sol
de aquella terraza
con guitarras y amigos hasta oír
el ruido sin distancia
de un avión que parte.

 

29

No sé decir la bronca
de no haber valorado a tiempo
al otro patio
donde una parra angosta
y el olor de las uvas aplastadas contra el piso
hubieran sido
mucho más que una visita apurada.
Es una culpa clandestina
que me atraganta
cuando recuerdo al perro chiquitito
que sacudía su alegría
al verme tras la reja.

Hoy no me atrevo a abrir
las puertas de esa casa.
Para qué ver
de una vez y para siempre
que ni una parra
ni las uvas
ni un perro
ni una abuela
me están esperando.

 

36

Era una ceremonia pedirte
cuando almorzabas en casa
que me llevaras
del otro lado de la plaza
a ver los autos chocados.

Con camperones reversibles
caminábamos
hacia los fierros desgraciados
que habían tenido forma de autos.

Para mí eran todo espectáculo
apilados informes
consecuencia de nada.
No se me hubiera ocurrido la tragedia
que existía en torno a ellos
ni tampoco sabrían aquellos
desdichados
que un niño sonreía
al verlos así.

 

Facundo D’Onofrio nació en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1990. Publicó La mujer que vino de Lorraine y Los relatos de Fermín, (Buenos Aires, Dunken, 2012) y Cada pliegue del cielo (Buenos Aires, El ojo del mármol, 2015). Dirige el ciclo de entrevistas Bestiario. Actualiza el blog facundiainfecunda.blogspot.com.ar Asiste al taller de poesía de Osvaldo Bossi y al taller de Verónica Yattah.

Ana Claudia Díaz

Ana Claudia Diaz foto

 

Cuentos de oscuridad de luz

Como un faro que da luz al ciprés silencioso
se ve esa torre gris
cuando al caer de la tarde le da el sol y alumbra
la ausencia
brilla en un hechizo, desde acá
la ambigüedad del ángulo de la mirada es el umbral
para entrar en esa grieta fina que deja ver
de un lado el castillo
del otro
la copa de los árboles en medio de un río de anguilas
resistiendo el abismo, turbio

furia
fuego fatuo que roza a las estrellas de nieve
y les derrite sus puntas más altas, sus cúpulas
desglosándose en el paso nocturno
de dragones y bestias
que agigantan las sombras de la inmensidad
sin hacer ruido, sembrando intriga

pánico
adentro el campo está lleno de lobos
con sus bocas gigantes tornasoladas
esperando que oscurezca para iniciar
el carnaval feroz
la danza

al amanecer
solo quedarán manzanas a los pies del pantano rojo
como veleta del agravio y del viento

la paradoja
cavernas de paja junto a la rivera
que con el primer rayo de luz se doran
de los bambúes brotan escorpiones de otoño
que se adentran en las hiedras y desaparecen
como pequeños escudos plateados
persiguiendo a los grillos de ayer

los niños corren en la mañana
llevan máscaras de girasoles y cañas
de plumas de cuervos con franjas de ágata
caleidoscopios para pausar la insolación
como si el mundo solo, se pudiera mirar desde ahí atrás

infancia
colmenas pobladas de caracoles y libélulas celestes
medusas de este tiempo
que se desmoronan entre la bruma fresca, reciente, del parque
y el pasto húmedo, es todo una vía láctea

Saturno
el gato de cristal que se iza en la puerta de la luna
es un páramo de hielo ante la percepción
un espejo tragaluz casi siniestro
un arlequín que se desoculta

el mediodía afónico asoma entre las cimas de los pinos
subir hasta lo alto
es la lógica para calmar el ánima perturbada
que se ve distorsionada en los vidrios empañados
la tarantulita que descansa en el cantero
es el arco de una almendra

la tempestad
su voz malabarista
es un molino de opio que galopa
destellando meteoros
se vuelve un ópalo de fuego
un volcán nocturno y les amapola los huesos
retoña
vuelve a echar vástagos de lo que había dejado de ser
para empezar de nuevo

como un faro que da luz al ciprés silencioso
se ve esa torre gris

 

Deshielo

 

Sobre el contorno del destino
las cosas brotan

diciendo nada
vacía la playa

la verdad se lleva en silencio
se carga a cuestas, se arrastra

el invierno paraliza sus días
los congela con la intensidad
de la escarcha al costado

pequeñas sombras de cristal
que se deshacen con el sol

todo es cauce
el hielo se derrite
ahora es un río finito de agua
que desemboca en la casa

una cima al revés, una bajada
fulgencia en pendiente brillante
resplandeciente

perpetua realidad que espera
a que el calor cerrado del verano
como una ceremonia o como un juego
sea el último límite

así, desencadenado el mundo
forma brisa sobre alguna parte de lo real, sobra

la tempestad es todo aquello
que enceguece la vista y la vuelve un torbellino
una criatura tratando de sacar la cabeza del agua
para respirar en medio de una fuente.

 

 

de Una cartografía de la insolación (Club Hem Editores, 2015)

 

Ana Claudia Díaz (Santa Teresita, 1983). Publicó Limbo (Pájarosló Editora, 2010 – La One Hit Wonder Cartonera, 2012), Conspiración de perlas que trasmigran (Zindo & Gafuri, 2013) y Una cartografía de la insolación (Club Hem, 2015); las plaquetas Vuelto Vudú (Pájarosló, 2009), La ecología de las poblaciones (Pájarosló, 2010) y Al antojo de las anémonas (Color Pastel, 2011). Participó en las antologías Pájaros en la frente (Pajárosló, 2011), La Juntada (APOA, 2012), Canciones (Ediciones presente, 2013), Re-Invención (Proyecto Madonna, 2013), Estaciones (La Parte Maldita, 2013), Poesía Deliberada (Textos Intrusos, 2013) y Poesía de hoy y de siempre (Eloisa cartonera, 2014).

www.anaclaudiadiaz.blogspot.com